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domingo, 18 de junio de 2017

Sobre la moción de censura

Parece lógico que en este pequeño espacio que comparto contigo, amigo lector, haga referencia a toro pasado, al espectáculo al que estuvimos sometidos por mor de la presentación de una moción planteada por uno de los grupos representados en la Cámara Baja.
Me reservo lo que pienso del uso que se ha hecho de una herramienta que prevé nuestro sistema democrático. Allá cada cual. 
Sólo tengo la intención de destacar lo que, en mi opinión, ha sido lo más relevante durante las horas de bochorno (entiéndase como se quiera) que hemos visto y oído. Y lo haré rápido.

Objeto de la moción: propaganda política para intentar cerrar filas en torno a un líder tocado en su popularidad. Objetivo parcialmente cumplido. 48 horas de propaganda permanente y nacimiento de una nueva "mesías" ("la que tiene paz" que no hace honor a su nombre) que no estrella parlamentaria. Los correligionarios enfervorizados aunque la imagen pública ha sufrido un duro revés, en mi humilde opinión.
El cuestionado, perfecto. A sabiendas de que no iba a ser tumbado, sin embargo, decide lanzarse a la arena sin esperar más turno, sorprendiendo al respetable y cuaja una faena de las que encumbran a un diestro. Será soso, poco gracioso y, a veces, hasta huidizo, pero domina los tiempos y las situaciones como nadie y lo ha vuelto a demostrar. Resolvió el trance templando y por derecho, como sólo los maestros saben hacer. En política no hace falta gritar ni insultar para vencer al adversario. Basta saber poner en valor ante el respetable las fortalezas de una forma sencilla y clara.
La frase: sin duda me quedo con la metáfora de Albert Rivera. (¡impecable sin corbata!)  "Si una casa tiene goteras se arreglan las goteras... si una casa está sucia se limpia... pero no hay que demoler la casa". Siempre insisto en que una buena oratoria requiere del esfuerzo, sobe todo, de encontrar frases elocuentes, relatos, ejemplos, metáforas que fijen de forma clara y eficaz nuestro mensaje en la mente de nuestro auditorio. Rivera lo consigue de forma magistral cuando se dirige a Iglesias Turrión pidiéndole que no demuela España ni el sistema.
El discurso: si hubiera estado acompañado de una buena comunicación no verbal, hubiera sido el discurso perfecto el de la diputada Oramas. De construcción impecable, breve, consiguiendo claridad, credibilidad y emoción. Con una captación del interés inicial sencillo pero efectivo: "Dicen que el teatro está en crisis pero no parece que sea cierto..." que se convierte en parte del hilo conductor. Muy bueno su lenguaje paraverbal en cuanto al volumen, el manejo de los tonos y los silencios. Lástima la pérdida de contacto visual con el auditorio por estar demasiado pendiente del papel. Remató una gran faena en la réplica donde sí manejó perfectamente su lenguaje corporal, sobre todo con sus manos y su expresión facial amable mientras terminaba por destrozar al candidato con un cierre llamativo que enlaza con el inicio y encierra de forma sutil el mensaje y vuelve a recordar a la cubana La Lupe: "...lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro".
Por cierto, hoy mis alusiones a términos taurinos han venido a mi mente fruto del recuerdo del maestro vizcaíno Fandiña. (DEP) 

martes, 13 de junio de 2017

Nobleza obliga...

No creo que haya que explicar (¿o quizá sí?) las definiciones de héroe y de nobleza, y menos en un país como el nuestro donde la lista histórica de héroes nacionales es interminable y la nobleza, santo y seña de valores, hasta no hace mucho, incuestionables.
La pasada semana, desgraciadamente, nuestra lista de héroes ha crecido al tener que incorporar a sus nombres el de un español valiente y noble que fue asesinado por unos terroristas islámicos cuando intentaba ayudar a un miembro de las fuerzas del orden. Ignacio Echeverría ha sido asesinado en acto heroico. Nos han matado a un hombre noble.
Mi recuerdo y admiración para siempre para el último español que ha encarnado, como nadie, esos dos conceptos. Conceptos que, desgraciadamente no abundan en otros ámbitos de la vida pública española. Quiero pensar, sin embargo, que en el ámbito “civil”, privado, de los hombres y mujeres de a pie, sigue siendo moneda común.
¿Dónde está el heroísmo y la nobleza de quien con discursos épicos por doquier utiliza las herramientas del sistema con el único objetivo de, cuando menos, sacar tajada propagandística a costa de debilitar y desprestigiar ese sistema? La comunicación política no es solo postureo o telegenia; ni siquiera de discursos plagados de recursos retóricos que martillean durante horas mantras que quieren desviar la atención de otra realidad existente o hacia una “posverdad”. Para poder hacer comunicación política es imprescindible el contenido, el mundo de las ideas; pero… ¿qué digo?
¿Dónde está el heroísmo y la nobleza de quien ni condena los asesinatos de Londres ni está de acuerdo en el merecido reconocimiento y justos actos de homenaje a quien pagó con su vida ser un hombre noble?

¿Dónde está la nobleza de un otrora héroe de pacotilla por darle a un balón de fútbol? ¿Acaso hay nobleza en un discurso (éste nada épico y sin preparar) plagado de mentiras históricas, retórica erística, complicidades extrañas e insultos a un país entero para pasarse la ley por el forro?  
Para colmo, hoy mismo en vez de recordar con nombres y apellidos a los 23 héroes asesinados a sangre fría por la indecente asesina Idoya López Riaño (terrorista de ETA), veo las imágenes de la chatarra dejada por las bombas y cómo sale de prisión, en libertad, camuflada bajo el casco de una motocicleta. Me pregunto si no tenemos derecho a reconocerla por la calle. Imagino que los familiares de esos héroes pensarán ya que en este país no queda nobleza.
Parece que la agenda dicta otras cosas a los servidores públicos y a los medios. No interesa ni el héroe ni la nobleza (bueno si es Rafa sí, que los unos quizá piensen que por fotografiarse con él ganan enteros ante las masas enfervorecidas y los otros traducen sus apariciones en beneficios).

Dicen que la política es un noble arte (yo así lo pienso), pero no sé yo. Nobleza obliga…

martes, 9 de mayo de 2017

Los silencios

Llevo queriendo escribir desde hace tres semanas sobre el silencio y no lo he conseguido hasta hoy por diferentes motivos. Justo terminada, y vivida, la Semana Santa en mi ciudad me dí cuenta que tenía que escribir sobre los silencios por la importancia que tienen. De eso te das cuenta acompañando a las procesiones de Valladolid o escuchando alguna de las intervenciones de Obama o del Papa Francisco.

Hablo de la importancia del silencio, o los silencios. desde un punto de vista práctico en la comunicación eficaz y persuasiva, aunque sea inevitable recordar las palabras del porteño Borges que decía aquello de "no hables a menos que puedas mejorar el silencio".

El silencio (los silencios), como en las composiciones musicales, constituyen una herramienta fundamental de la comunicación. Da igual que hablemos de la comunicación pública, corporativa, o de la comunicación personal. Siempre tenemos que tener en cuenta el silencio, los silencios.

En la comunicación pública, incluso en situaciones de crisis, hay que valorar la oportunidad de callar. Al menos hasta que no se tenga claro qué decir y qué poder contar. Aún a riesgo de que por guardar silencio otro ocupe nuestro espacio hay que valorar nuestros silencios. A veces basta con comunicarlo, es decir, decir que no tenemos nada que decir.
Algunas corporaciones, compañías o gobiernos hubieran agradecido un poco más de silencio y menos precipitación a la hora de afrontar una situación de crisis.

Pero hoy quería centrarme más en el silencio (los silencios) como elemento paralingüístico  y como herramienta en la práctica de la oratoria en la comunicación personal.
El uso del silencio aumenta exponencialmente la eficacia de nuestra comunicación si es utilizado con habilidad y en los momentos oportunos.
El silencio es el mayor aliado para centrar la atención del auditorio. Por ejemplo, un silencio tras el saludo inicial es la mejor llamada de atención ante cualquier tipo de auditorio para comenzar a trasladar nuestro mensaje. Un silencio nos ayudará a recuperar la atención de quienes nos lleven escuchando unos minutos y probablemente estén a punto de desconectar.
El silencio, de apenas un par de segundos, ayudará a quien nos escucha a no abandonar el hilo argumental que le estamos ofreciendo.
El silencio también nos ayudará antes y después de marcar nuestros mensajes, aquello que realmente nos interesa que quede en el recuerdo del oyente o espectador. 
El silencio nos ayudará a taladrar la mente del auditorio para que a través de ese agujero penetren las palabras, las ideas que consigan persuadir a quien nos escucha.
Un silencio, incluso, nos ayuda a mantener una buena respiración y a beber un pequeño trago de agua para desterrar cualquier síntoma de nerviosismo escénico.
Como veis, son todo ventajas.

Es agradable comprobar en los entrenamientos la sorpresa de muchos (sobre todo jóvenes) cuando se dan cuenta que parte del tiempo de su intervención ante los demás debe estar compuesta de silencios para conseguir la atención, ganar eficacia o resultar más persuasivos.
Bien administrados, los silencios constituyen una de las claves de las intervenciones exitosas. Como en las composiciones musicales. 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Gran Premio "XII Legislatura"

Claridad, credibilidad y corazón son los objetivos que hay que perseguir cuando alguien se dirige a otro. Podríamos decir que son la base de todo buen comunicador.
En función de su público objetivo y de sus intereses políticos, nuestros "líderes", mejor dicho, nuestros representantes políticos, han cargado la suerte en uno u otros objetivos.

Al margen de estrategias políticas, situaciones personales insólitas, altura de miras e intereses generales, tenemos la suerte de que ya se ha producido el desbloqueo institucional que ha atenazado el presente y el futuro de la Nación durante más de 300 días.

Y todos han concurrido en la parrilla de salida dispuestos a correr su particular carrera. Unos apurarán la frenada, otros abrirán gas al máximo en la recta de tribuna y otros se verán obligados a tumbarse en las curvas a riesgo de caer al suelo. Todo ello con el legítimo objetivo de ganar la carrera y complacer a su público.

Por desgracia, también participarán en esta carrera tramposos que sólo pretenden que sus competidores dén con sus huesos en el asfalto, o mucho peor, que se anule la competición para generar desconcierto y enfado en el espectador que pagó su entrada.

¡OJO con las trampas!. Fiar exclusivamente el mensaje, en estos tiempos, a lo puramente emocional conduce, sin duda, a estados de psicología colectiva alejados de la realidad y exentos de responsabilidad en un momento que no sería bueno para los intereses de España y de los españoles.

Por otro lado, siempre he pensado que no se inyectan mayores dosis de emoción a un mensaje que cuando, DE VERDAD,
creemos firmemente en lo que decimos.
Sería deseable que se dedicaran esfuerzos por parte de las escuderías constitucionalistas al QUÉ, CÓMO, QUIÉN, DÓNDE, POR QUÉ Y PARA QUIÉN; con mucha humildad, eso sí. Siempre desde la humildad.

Si además son capaces de emocionarnos, mucho mejor. Y a los tramposos, aunque tengan parte del público a su favor, aplicación estricta del reglamento de la competición. Quizá sea motivo inicial para que comiencen a perder seguidores.

sábado, 30 de julio de 2016

Comunicación eficaz del líder del mundo libre

Ahora que tanto hablamos de liderazgo, pienso que no es discutible que los liderazgos hay que ejercerlos. Del mismo modo, opino que no se puede ejercer bien el liderazgo si quien lo pretende no es un buen comunicador. Lo que no quiere decir, por supuesto, que quien comunica bien sea un líder.

En el título de esta entrada hago alusión al líder del mundo libre, pero no, no voy a hablar de Obama.

Mientras en todos los escenarios políticos, económicos y "sociales", incluidos los patrios, el personal agota su capacidad de reinventar términos y estrategias de comunicación con la sana intención de reivindicar y afianzar sus liderazgos, aparece un señor que vuelve a conseguir, de forma unánime, la atención de las portadas de los periódicos más influyentes de Occidente.

¡Qué fácil ha sido!

El escenario adecuado, el momento idóneo, una actitud coherente, un relato que llega y, de verdad, interesa al público, promover la humildad como valor para ir por la vida y una sencilla frase; corta, directa, contundente. Sin rebuscados recursos retóricos. Sin terceras intenciones. Directa al corazón: "Señor, perdona tanta crueldad".

La esencia de la comunicación eficaz resumida hoy en las portadas de cientos de periódicos de todo el mundo. (En España prácticamente unánime).

No ha sido necesario localizar un colosal escenario natural para capturar las imágenes. No ha hecho falta una banda sonora épica para estremecer los sentimientos; ni siquiera miles de "extras" para trasladar lo trascendente del mensaje. Y, por supuesto, han sobrado enrevesados guiones para un relato eficaz y conmovedor.

Simplemente se ha utilizado lo sencillo, lo esencial...la propia realidad.

Un relato que, por supuesto, nos sigue desgarrando pues tan solo han trascurrido 75 años del horror de Auschwitz y pareciera que queremos volver a las andadas.

La personificación de ese relato en el sacerdote polaco Maximiliano Kolbe que ofreció su vida a cambio de la de otro prisionero padre de familia.


Una imagen sobria, donde el líder del mundo católico reza en soledad.
...Y la frase en la que todos nos sentimos identificados.

Una vez más, lección de comunicación eficaz del Papa Francisco. ¡No aprendemos!
Imposible comunicar mejor. Definitivamente, para mí, es el líder del mundo libre.

domingo, 6 de marzo de 2016

No estamos en 1917

Después del espectáculo visto de la última semana en el Congreso, poco o nada ha variado. Seguimos con más de lo mismo en la batalla por conseguir el poder; por consiguiente seguimos en manos del marketing y la comunicación política. Cosa que es muy interesante para quien escribe en este blog puesto que precisamente, el marketing y la comunicación política son parte de mi actividad profesional. Pero ya he dicho aquí en otras ocasiones que quizás ahora tocaba, sin olvidarnos de estas herramientas, dejar paso a la altura de miras y al interés público y de Estado.
Hemos visto a nuestros líderes políticos en una investidura-moción de censura muy bien adiestrados en la comunicación no verbal y en el uso de la retórica, buscando permanentemente el titular, la foto y la cámara amable de televisión (beso incluido), dirigiéndose cada uno de ellos a su público (tengo dudas en el caso de Rivera) y trasladando al otro la responsabilidad de abocar a nuestra Nación a unas nuevas elecciones. Siempre he pensado que el que aparezca como culpable de unas nuevas elecciones será el que más se desgastará en ellas.
Todo esto es muy interesante y daría para varias entradas, pero hoy quiero aprovechar mi espacio para poner de relieve que en esta batalla hay uno de los participantes que está persiguiendo otra cosa. 
Lo está haciendo muy bien. Hay tres que se pelean por la centralidad del tablero y discuten, pretendidamente, sobre las ideas fundamentales que caracterizan sus respectivos pensamientos dejando bastante de lado el interés público, es decir, el bien común de nuestra sociedad y de los ciudadanos en su conjunto. Más bien, parece que la preocupación está en apuntalar unos,que haber sido el partido más votado les legitima poner las condiciones; otros, que están limpios y son el nuevo centro, los Adolfo Suárez del siglo XXI; y un tercero, que su liderazgo ante la izquierda moderada y ante su propio partido no debe ser discutido.
Pues bien, enhorabuena. Creo que los tres lo han conseguido (en buena medida gracias a sus estrategias políticas y a la comunicación política llevadas a cabo esta semana).
Pero ahora queda lo importante. No estamos en 1917. Y deberían ponerse de acuerdo y explicar las razones de ese acuerdo, porque deben ser razones de interés público; si me apuran, razones de Estado. 
P. Iglesias con un ejemplar de las obras de A. Gramsci
Porque el cuarto en discordia, el que lo está haciendo muy bien, no miente. No abandona su hoja de ruta. No olvida a sus teóricos Lenin, Gramsci o Stalin
Detrás de su relato se divisan claramente el adoctrinamiento frente al pensamiento libre, la economía planificada frente al libre mercado, la colectivización económica frente a la propiedad privada, los comisarios del pueblo y las vigilancias a la disidencia frente al estado de derecho... Estoy seguro que hasta sueñan con una arquitectura propia. 
El bloque hegemónico que pretenden construir con la nueva clase social subalterna está a punto de proclamarse clase dirigente y piensan ya en convertirse en clase dominante desde su superestructura con la que embestirán el bloque histórico.
La verdad, no sé si estamos para nuevos "condotieros", aunque nos prometan "paz, tierra y pan".
Urge un acuerdo. No estamos en 1917.

domingo, 25 de octubre de 2015

27' y 42'' de discurso magistral

Me refiero al discurso pronunciado por S.M. El Rey en la entrega de los premios Princesa de Asturias 2015. https://youtu.be/cQWb0pIuyfU?t=433
Quienes me conocen, saben que soy un defensor a ultranza de la confección del discurso bajo los cánones (de los) clásicos. No pienses, amigo lector, que ello significa estar cerrado a innovaciones, reformas o regeneraciones, todo lo contrario; aunque nadie como ellos han puesto las bases de la comunicación efectiva y de la persuasión.  Los grandes discursos de nuestra época siguen hundiendo sus raíces en los esquemas clásicos y es por ello que resultan influyentes en la psicología de aquellos que los escuchan.

Toda intervención pública debería contener una entrada, un cuerpo y un cierre, es decir, un "exordio", una "narratio y confirmatio", y un "epilogus", con el consiguiente desarrollo de cada una de las partes. Y esto, ni más ni menos, es lo que ejecutó a la perfección S.M. El Rey en los Princesa de Asturias de este año.
La entrada del discurso captó perfectamente la benevolencia de los presentes al tiempo que les hizo partícipes de sus palabras desde el inicio. Hablando de emoción (y desde la emoción), utilizando siempre la primera persona del plural ("volvemos..."), haciendo referencia al ser humano, la nación, la concordia y la cultura tejió rápidamente un mensaje de altura de miras que engancha desde el primer momento. El remate de esta entrada, realizando su particular homenaje a Asturias arrancó, como no podía ser de otra forma, una sonora ovación.
El cuerpo del discurso tuvo también una estructura perfecta. Desgranó con hechos y descripciones los méritos de cada uno de los premiados, en un tono emotivo y cercano que nos ratificaba, aún más, en el merecimiento del premio concedido.
El cierre fue magistral. Además de enumerar la importancia para la sociedad de todas y cada una de las disciplinas premiadas, terminó moviendo el ánimo de los asistentes poniendo en el centro del tablero al ser humano y sus derechos, y apelando de manera indiscutible y literaria, con ejemplos demoledores, a la unidad de España ("sigamos construyendo España", "que nadie construya muros con los sentimientos").
Además de la perfección en la estructura, he de decir que el tono y el volumen trasladaron en todo momento cercanía, prudencia, emoción, compromiso y humildad; todo un cóctel que hace imposible que un discurso pase desapercibido. Particularmente importante fue también el guiño cariñoso hacia Cuba y cómo fue colocando en su relato los mensajes fuerza de futuro, desarrollo, prosperidad y nación.
En cuanto a la expresión corporal cabe decir que fue muy correcta y que, además, conforme pasa el tiempo va mejorando sustancialmente. Parece que aún no está demasiado acostumbrado al autocue, aunque sus movimientos y miradas alcanzan todo el auditorio. Los gestos del rostro, cada vez se afianzan más y la sonrisa y la mirada conjugan perfectamente cuando habla desde el corazón. Es una pena que por el diseño del atril y la realización de televisión, no hayamos podido disfrutar de ese otro lenguaje principal que acompaña siempre a un buen orador y que es el movimiento de sus manos (técnica que cada vez domina mejor nuestro Rey).
En fin, que pocas pegas se le pueden poner al que es, en mi opinión, el mejor discurso pronunciado por una personalidad española en los últimos tiempos: claro, creíble y con corazón. (Si acaso, esa corbata, color azul Asturias, permanentemente torcida que me ponía nervioso, sobre todo en los planos abiertos que ofrecía TVE.)
Ah, y una pregunta a los expertos en protocolo: escuché a la señora de la voz en off anunciar la entrada en el teatro de Sus Majestades los Reyes de España. ¿No habría sido lo correcto, Sus Majestades los Reyes?.

domingo, 5 de julio de 2015

La carrera por la humildad

La muerte de mi amigo, el socialista Ángel Velasco, ha traído a mi mente el concepto de humildad.
En mis entrenamientos de oratoria y comunicación personal siempre es obligatorio conocer las 10 habilidades personales que hay que mejorar a la hora de hablar y comunicar a los demás. Una de estas habilidades es la humildad. Y hablo de habilidad y no de virtud, porque estamos hablando de cómo mejorar nuestra comunicación personal ante los demás entrenando y no de cómo cultivar nuestra alma y forjar nuestra forma de ser.
Una vez que ya están designados todos los candidatos a presidente de gobierno para las próximas elecciones, todos ellos elegidos conforme a los métodos democráticos que más se adecuan a sus intereses, les invito a que hagan un pequeño seguimiento a lo largo de la "larga" campaña a ver quién de todos se hace con el primer puesto en comunicar con humildad (nótese que no hablo de ser humilde porque, creo, ninguno lo es).
Ahí los tenemos a todos.
Rajoy se empleará en trasladar todos los esfuerzos (y los de los españoles) que ha habido que realizar para sacar a España de la crisis. Con humildad (pero con eficacia) deberá exponer todos sus éxitos. Para ello quizá debiera pensar en una buena selección de "humildes" para hacerlo y dejar sin voz a algunos de los que le rodean (en Moncloa y en Génova); simplemente porque no comunican con humildad. Por supuesto, habrá de aplicar la humildad para pedir disculpas, también, por lo errores.
Iglesias, que parece que ya ha estabilizado el vuelo, deberá añadir grandes dosis de humildad porque parece que el "loock" humilde no es suficiente. Si quieren llegar a la mayoría, deben dejar de atacar a la mayoría. Para eso, quizá, deban renunciar a algunos de sus principios y no sé si están dispuestos. Aunque, quizá se encuentren cómodos en estos resultados y hayan cumplido ya sus objetivos.
Garzón, en mi opinión ha confundido la humildad con el victimismo fraterno. Lo tiene complicado porque la humildad es un ingrediente necesario para la buena comunicación; pero también es cierto que quien te escucha, le gusta apuntarse a caballo ganador y para eso,
muchos de los suyos, ya tienen a Podemos.
Sánchez habrá de mejorar en humildad en su discurso, aunque para ello ya ha entrado de lleno (una vez más) en el más puro estilo Obama con bandera nacional y de la mano de su esposa sobre el escenario. No está mal el intento. Ahora toca el discurso.
Y Rivera, cuya puesta de largo se ha producido este fin de semana. Hasta ahora es el que mejor ha puesto en práctica la humildad en el mensaje. También, no es menos cierto que es el que más fácil lo tiene, de momento. Con las maneras de Obama en lo sustancial y una escenificación espartana y austera, conocemos sus primeros paseos en público con su pareja el mismo fin de semana que es noticia por su candidatura a la presidencia del gobierno.
Lo dicho, seguiremos las carreras por la humildad de nuestros candidatos para comprobar si hacen caso a aquello que escribió Cicerón de "cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser"

domingo, 8 de marzo de 2015

Lenguaje para candidatos

Tras unas semanas sin escribir, y resistiéndome a hacerlo, por el momento, de campañas electorales y debates del los diferentes "estados", la reflexión que quiero compartir está ligada al lenguaje. Al lenguaje que, creo, debieran utilizar los políticos en general y los candidatos en campaña electoral en particular.
Lo hemos debatido estos días atrás en los diferentes entrenamientos de oratoria que he tenido la oportunidad de llevar a cabo.

El lenguaje es el "conjunto de palabras y reglas gramaticales que nos permiten transmitir ideas, definir conceptos, evaluar términos y dialogar con nuestros semejantes".

Se trata, pues, de pedirles a nuestros candidatos que hagan la caridad de tener un dominio mínimo del lenguaje. Como además este vehículo del pensamiento lo realizamos en español, ¡estamos de suerte!, pues pienso que el español es el idioma más amplio y flexible para desarrollar nuestros pensamientos.

¿Cómo creo que se debería utilizar el lenguaje (siempre) sobre todo en campaña electoral? Acepto aportaciones, pero, para mí, las características básicas son la sencillez, la precisión, la claridad y la humildad. Sinceramente pienso que son las cualidades que deben primar en el lenguaje de un buen candidato.

Hablar con la sencillez necesaria para que un niño o nuestra abuela nos entienda. Para ello, nada mejor que utilizar lo más básico: sujeto, verbo y predicado. Los amantes de las subordinadas y de las yuxtaposiciones son bienvenidos en la literatura y (cada vez menos) en las aulas de la Universidad, pero no en la política.

La precisión es importante. Utilizar el lenguaje de manera sencilla para explicar el qué, quién y para qué, el cuándo, cómo, dónde y porqué ayudará a conseguir que el lenguaje colabore en algo tan importante como es la credibilidad de quien habla. Importante para un candidato, ¿no?.

La claridad en el lenguaje consiguiendo que el mismo se convierta en la cárcel de nuestros pensamientos hace también al político más creíble. Para ello es recomendable ser conocedor de nuestro rico idioma. Mi consejo: leer. No tengo otro. Lo siento por los políticos que se ciñen a enriquecer su vocabulario a base de una lectura rápida y somera de los periódicos y de la escucha de las tertulias mediáticas.

Por último, la humildad. Definida en nuestro diccionario de la RAE como "virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento" ¡Cuánto más ganarían algunos personajes públicos si fuesen capaces de poner en práctica la humildad!. Ganarían en capacidad de convencimiento porque la humildad es una de las puertas que abre el corazón de las personas. Ganarían en credibilidad porque se aproximarían más a la "psicología del otro" haciéndole sentir más próximo y más identificado con él.

Son reglas clásicas, queridos amigos. Como casi todo lo que cuento aquí. Pero, a veces, olvidadas.


De acuerdo que con esto (sólo) no se ganan elecciones, pero... ¡qué quieren que les diga!, quienes están del lado del cuerpo electoral como sujetos pasivos y receptores de tanto mensaje, se sentirán más cómodos, menos agredidos; y eso... siempre ayuda.

domingo, 1 de febrero de 2015

El discurso (rap) de Pablo Iglesias en Sol. Nada nuevo.

Una más sobre discursos. Quizá también otra inevitable. Como siempre con la intención de analizar la intervención técnicamente y desde el punto de vista de la comunicación. 
Lo escuchado y visto ayer en la Puerta del Sol a P. Iglesias, desde el ámbito de la oratoria y desde el prisma de la comunicación política no constituyó ninguna novedad. Eso sí, está claro que algunos, muchos probablemente, piensan que sí. No estoy diciendo con esto que lo ocurrido este sábado no sea importante.

El discurso, ha sido construido de manual. De manual clásico, cosa que me congratula. Con una captación inicial del público, congregado y entregado, muy bien pensada: "qué bonito es ver a la gente haciendo historia. Es emocionante ver al pueblo sonreír en la Puerta del Sol" . Estarán conmigo que es una muy buena manera de centrar la atención del auditorio. De paso, daba por sentado "su" propósito: "hacer historia" (muy propio de liderazgos férreos y agresivos), aunque la cifra de los llegados de todo el territorio nacional haya estado en torno a 150.000 según el medidor de El País. Desde luego la cifra no es despreciable pero no se acerca a las expectativas. Además, a los tiempos que vamos, ojo con determinadas exhibiciones. El efecto sobre la comunicación política de algunas acciones puede ser muy caprichoso.

El relato está perfectamente encajado sobre la técnica de vender sentimientos y no ideas, con una frase que se repite a la perfección: "hay que soñar, pero nos tomamos muy en serio nuestros sueños". Pero nada nuevo. No vamos a recordar aquí el gran número de discursos políticos que giran en torno a los sueños y la esperanza. Además seguro que a muchos de ustedes ya les ha venido a la mente Martin Luther King. Sueños y esperanzas que han buscado ser referente identitario a través de un guión literario, jalonado de autores e imágenes literarias (incluidos personajes).

Bien empleados recursos y elementos retóricos, han acudido sin ambages y por derecho al corazón de los asistentes y de quien les haya querido escuchar. Nada nuevo tampoco. Ha faltado oír el "a este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió". Eso sí, todo muy al estilo de grandes personajes del celuloide como ese Williams Wallace en "Braveheart", el personaje de Al Pacino en "Un domingo cualquiera" o Gladiator en la batalla germana. Por supuesto sin abandonar estilos como el de Alejandro Magno o, como es lógico, su antiguo referente B. Obama en su propio "yes we can" y su discurso del cambio queriendo hacer de la Puerta del Sol, Iowa. 
Mensajes tan directos al corazón que en nada se diferencian de mensajes como este: "...somos enemigos del sistema capitalista de hoy, con su explotación de los económicamente débiles, con sus sueldos inferiores, con su indecente valoración del ser humano según las propiedades que posea, en vez de su sentido de responsabilidad y forma de actuar..."  (Alemania 1 de mayo de 1927). Nada nuevo, pues.

El cierre de la intervención apelando a la patria y al patriotismo, es atrevido y por eso lo considero muy acertado. A algunos de los presentes quizá les sonó raro, pero no es menos cierto que ha sido el único concepto transversal que se ha lanzado dado que el resto de mensajes ha circulado entre "arriba y abajo", "ricos y pobres". Probablemente es lo que se ha buscado. Conseguido.

En otro orden de cosas, el discurso de P. Iglesias ha sido correctísimo en cuanto a duración se refiere, cosa que es rara y de agradecer en un orador político.
Su imagen, en cuanto a indumentaria, perfecta en tanto en cuanto es la imagen que pretenden vender. ¡Por cierto! hacía tiempo ya que no escuchaba a nadie utilizar el uso de la corbata y la gomina como imagen para esconder un mensaje. Vieja herramienta, nada nuevo.
En cuanto a la lectura del discurso, fue caótica. Perdió muchos momentos de poder mirar a su auditorio. Daba la sensación de que no se lo había preparado.
Su lenguaje no verbal fue casi inexistente, secuestrado por la necesidad de tener que sujetar los papeles con la mano, debido al viento y a lo desproporcionado del tamaño del papel con la superficie libre del atril.
Me ha resultado curioso su ritmo y tono. En ocasiones he tenido la sensación de estar escuchando un rap. Si es lo que estaba buscando, por aquello de encajar su ritmo de discurso en uno de los ritmos más de moda entre los jóvenes, enhorabuena; lo ha conseguido.
La puesta en escena, austera, lo cual me parece muy bien; aunque la imagen de esos "dirigentes" en plan escolta, tan de comité, vuelven a recordarme viejos escenarios.

Hasta aquí mi análisis. No sé..., me recuerda todo demasiado al Felipe González de principios de los 80. Nada nuevo. Un mérito, eso sí: creo que están copiando a los mejores y consiguiendo una comunicación política exitosa.
Otra cosa son los efectos de este tipo de discursos y movilizaciones.
Algunos deberían pensar cómo es posible que les estén adelantando por la izquierda con, otrora, sus mismas herramientas y sus mismos discursos.
Otros deberían revisar por qué hay un porcentaje no desdeñable de votantes propios que optan por cruzar al otro lado.
Los ciudadanos deberemos pensar si en nuestras decisiones como ciudadanos libres debe pesar más la razón o el corazón.

domingo, 25 de enero de 2015

Rajoy: el (único) discurso posible

La noticia relevante de nuestro país hoy, ha sido la clausura de la Convención nacional del Partido Popular a cargo del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Parece obligado hacer algún comentario precisamente en un blog como este.
Dadas las capacidades del Presidente en cuanto a lenguaje corporal y no verbal, es muy probable que este haya sido uno de los discursos posibles. 
Está claro que al Presidente le cuesta mostrar sus manos abiertas mientras habla y prefiere esconderlas recogidas en sus puños, trasladando un mensaje de contundencia permanente (demasiado permanente, diría yo). 
Su expresión facial es la que es, por lo que tampoco podíamos esperar más, ni siquiera mayor simpatía. 
Desde el punto de vista de la elocución, para lo complicado de la redacción de algunas frases, creo que ha salido bien parado, si exceptuamos algún "hablar" por "hablad" que se le ha colado justo al final. 
Podemos discutir si ha mirado o no en exceso a los papeles, pero pienso que ha dominado los momentos adecuados e importantes en los que era obligado mirar al auditorio. 
En cuanto al tono a lo largo de la (larga) intervención, ha sido capaz de mantenerlo y modularlo (a su manera) para incidir en lo que él ha creído que era más relevante. 
Para captar la atención en las cuestiones relevantes ha utilizado, en mi opinión de manera inteligente, la pregunta retórica dirigida al auditorio. Quizás no hubiese estado de más el uso de algún otro recurso para captar la atención más allá de algún giro coloquial.
Las proposiciones y la argumentación han estado bien estructuradas aludiendo a lo que son los temas de interés del ciudadano y enmarcando los asuntos que al Gobierno le interesa remarcar.
La "pelea" con el adversario ha estado presente a lo largo de todo el relato. Tanto que en algún momento ha podido sonar demasiado a la defensiva. Cierto que, en todo caso, las descalificaciones y las críticas hacia esos adversarios han sido, como siempre en Rajoy, un ejercicio de fina ironía, con uso de elementos y mecanismos retóricos que domina a la perfección.
Sólamente hay una cosa que no entiendo, y es la mención al Sermón de la Montaña que lo utiliza como comparación para descalificar.
Algo en lo que el Presidente Rajoy no termina de ser un especialista (y creo que es algo que debería trabajar) es en la captación inicial y la conmoción final. Su arranque, en el exordio de su discurso, no capta de manera suficiente la atención del auditorio. En el final, olvidándonos que sigue haciendo esa cosa tan fea de anunciar que va a terminar cinco minutos antes de hacerlo, lo intentó con esa alusión a la España de la que hay que hablar. Al menos para los congregados en la convención ese "hablad de España" creo que ha servido.
Mucho más meritorio para mí, ha sido la mezcla que ha pigmentado todo su discurso con las ideas de valentía, orgullo y humildad. Sinceramente, creo, ése ha sido el acierto. Con lo que está pasando en Grecia a estas horas, quizás esa combinación a la hora de exponer abiertamente sus acciones, sea, tal y como es el Presidente, la única forma de llegar al corazón de una mayoría de españoles con claridad y credibilidad. El único discurso posible.

sábado, 27 de diciembre de 2014

El discurso del Rey: objetivo cumplido

Para quienes dedicamos nuestro tiempo al mundo de la comunicación, la noche del 24 de diciembre está marcada en el calendario como uno de los momentos importantes: el discurso del Rey a los españoles.

Aún cuando han sido muchos (y desde muchos puntos de vista) los comentarios sobre el discurso de Felipe VI en Nochebuena, parece lógico que también terminemos 2014 en "Obrador de palabras" comentando la citada intervención. Este año, además, la expectación era aún mayor por ser el primero de nuestro nuevo monarca. 
Para despejar cuanto antes la incógnita debo decir que este discurso me ha parecido positivo, muy positivo. Personalmente es un placer ver al Jefe del Estado ajustándose a lo que es un discurso conforme a los cánones: clásicos y actuales. Nunca como ahora se hace necesario recuperar a Cicerón o a Quintiliano.
Si cuando nos dirigimos al público hemos de cultivar la claridad, la credibilidad y la emoción, D. Felipe ha pasado con nota la prueba.
Bajo la premisa de que tenía claro cuáles eran las expectativas de la audiencia, ha marcado claramente tres mensajes; suficientes: corrupción, economía y unidad de España que ha colocado perfectamente al principio, en el desarrollo y al final de su discurso.
Ha sido también sobresaliente su apertura y su cierre, captando de manera inmediata la atención en el comienzo y terminando de forma emotiva su cierre, despedida incluida en las lenguas oficiales.
Significativa ha sido también en el monarca la expresividad, tanto de sus manos como de sus gestos faciales, acompañando en todo momento cada parte del discurso, alejándose de la imagen de busto parlante. Incluso me ha parecido emocionante, a pesar de un cierto titubeo probablemente fruto de la falta de experiencia, el gesto de llevarse la mano al corazón en el momento que hablaba de su relación con los españoles.
El ambiente logrado, como siempre, íntimo, entrañable y cálido con los detalles fotográficos elegidos para la ocasión con toda la intención, para trasladar en imágenes lo que pretende ser la "nueva Casa".
Podemos estar más o menos de acuerdo en la disposición y protagonismo dados a esos detalles, pero estaban todos; incluida la bandera de España y el Nacimiento. Sinceramente yo hubiese preferido un protagonismo mayor de nuestra bandera nacional y menos picaporte de la ventana que estaba a la espalda del Rey. Pero, insisto, es una cuestión de "intereses" y éstos no siempre son coincidentes para todos. Alguien habrá pensado que sustentar la imagen de unidad de los españoles en la exclusiva imagen de quien hoy ostenta la Corona es más eficaz que en otros símbolos que puedan "ofender" en determinados territorios (ellos sabrán, es muy respetable).
En definitiva, para quien hoy despide este rincón hasta 2015, es un "orgullo y satisfacción" haber disfrutado con el discurso del Rey. Objetivo cumplido.
¡Feliz 2015!

domingo, 30 de noviembre de 2014

La palabra: imagen de nuestras ideas

Estaremos de acuerdo en que cualquier mensaje que hoy en día se quiera colocar en el colectivo que nos escucha, debe ir sustentado de un relato. Y nada mejor para conseguir un buen relato que aquél que provoca en el receptor una imagen que lo hará perdurar en el recuerdo. 

Al margen de las herramientas audiovisuales que en esta época nos asisten, quiero reivindicar la PALABRA como la perfecta imagen de nuestras ideas. De tal manera que, será importantísima la elección de la palabra para conseguir una adecuada imagen que sostenga nuestro relato, que ayude a la persuasión de nuestro mensaje. Se trata de algo esencial cuando queremos hablarle no sólo al entendimiento sino también a los sentidos donde quedarán impresas las imágenes de las grandes ideas. Deberemos, pues, saber elegir y emplear las palabras de tal forma que den mayor esplendor, hermosura, fuerza y claridad a nuestro mensaje.
Quiero traer hoy un clásico resumen de diferentes tipos de palabras que, bien elegidas, conseguirán imágenes más nítidas y potentes para nuestro relato y, por consiguiente, mayor contundencia y persuasión de nuestro mensaje.

Las palabras figuradas. A veces, las palabras sencillas y que están en boca de la mayoría consiguen dar fuerza y virtud a la expresión. Aunque en sí mismas no tengan una hermosura y fuerza especial, trasladadas, en ocasiones, a personas y objetos que sólo pueden admitirlas por semejanza se transforman en imágenes potentes. Expresiones como "cuando un pueblo enérgico y viril llora la injusticia tiembla" (Fidel Castro) nos permiten conseguir mayor fuerza utilizando palabras habituales. Qué duda cabe que, en este sentido, la metáfora, la sinécdoque y la metonimia vendrán siempre en nuestra ayuda.

Las palabras enérgicas. No hablamos aquí de la fuerza de la razón sino de las propias palabras que, no sólo por su significado, sino por la propia dicción añaden energía. Podemos conseguir de esta manera imágenes enérgicas que harán fuerte nuestro mensaje. La energía en la palabra no necesita de vocablos refinados o extraordinarios; basta que representen imágenes vivas, aunque sean de uso común. Por ejemplo, las de Moisés: "enviaste, Señor, tu ira que los consumió como una paja"

Los adjetivos. Como sabemos, son las palabras que demuestran las cualidades de las personas o cosas. Los adjetivos pueden aportar también energía a nuestro relato, sobre todo si estos adjetivos son figurados. Por supuesto, nos servirán también para expresar con mayor intensidad los afectos y los sentimientos. W. Churchill: "hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política"  (Llamo aquí la atención para no convertir, con el uso de adjetivos, el discurso en un discurso poético, lo que provocará que se convierta en frío, hueco y falto de energía y esplendor). 

El número. Elegir acertadamente el número, contribuye mucho a animar la expresión del discurso. Si lo que buscamos es conseguir un pensamiento con mayor fuerza podemos cambiar el número de plural a singular: "el hombre es un lobo para el hombre"(Hobbes). Si lo que pretendemos es crear una imagen de abundancia, extensión, frecuencia etc. utilizaremos el plural para conseguirlo.

Los pronombres. Ellos también pueden colaborar sutilmente en la construcción de una sólida imagen de nuestro relato. Los demostrativos le dan fuerza y énfasis a la idea "aquel excitante curso"; pero además, en ocasiones, nos sirven para enfatizar irónicamente condiciones negativas.

Las voces expletivas. Son las voces que se emplean para hacer más llena o armoniosa la locución. Suelen ser adverbios colocados estratégicamente en la frase le conceden más fuerza, "Esto sí que es Hollywood" (Ana García Siñeriz).

Hasta aquí, con mi deseo de que seamos capaces de conseguir la imagen adecuada para nuestro relato a través de la palabra.

domingo, 26 de octubre de 2014

La construcción del discurso

Hoy quiero compartir unas breves reflexiones sobre una de las cuestiones que, para mí, tienen más importancia a la hora de hablar en público: la construcción del discurso.

Lo repasábamos la semana pasada con una de las personas que ha asistido a uno de mis entrenamientos de oratoria y él mismo ponía de manifiesto la trampa que se crea muchas veces en la actualidad estando más preocupados de otras cosas.

Para hablar de ello, de la construcción del discurso, no me resisto acudir a los clásicos, pues desde mi punto de vista, siguen estando vigentes en la actualidad.

Decía Aristóteles que un discurso está comprendido de contenido y de forma. Contenido que dimana del saber y de la formación del individuo, de la experiencia y del caso concreto que se aborda en el discurso. La forma es la belleza de la expresión que la constituyen la armonía o el encanto del lenguaje (euritmia) y la variedad y colorido de la expresión (poikilía), o lo que es lo mismo, la elocución, tal y como la denominó Isócrates.

Cicerón habla de 5 partes a la hora de construir un discurso:
  1. Invención, es decir, el contenido propio y la búsqueda de materiales
  2. Disposición u ordenación de estos materiales y contenidos
  3. Elocución, que, groso modo, podemos definirla como declamación y estilo
  4. Pronunciación, planteada desde un punto de vista técnico
  5. Memorización, que como su propio nombre indica, hace referencia a la importancia de almacenar en la memoria aquello que vamos a decir. 
El dominio de estas cinco partes, y por lo tanto, el arte de hablar en público, va a depender de la disposición natural o talento, del conocimiento técnico que tengamos de la materia y, por supuesto, del entrenamiento.

Por último, Quintiliano (cuya memoria reivindico pues pienso que es uno de los grandes olvidados, quizá porque nació en Calahorra) propuso de una forma revolucionaria para su tiempo en el siglo primero, que el orador debe enseñar, mover a la acción y deleitar.

Creo que es evidente la vigencia hoy de estos presupuestos. Quizá el problema sea que les hacemos poco caso, lo que lleva aparejado una inevitable mediocridad de gran parte de los discursos que escuchamos en la actualidad. O quizá... sean otros los motivos.


jueves, 19 de junio de 2014

En perfecto estado de revista

Seguido con exquisito detalle el guión y la puesta en escena. Todo en perfecto estado de revista. Como si de un documental promocional se tratara. Eso es lo que hemos podido ver hoy todos los españoles, a través de las pantallas de televisión, en un acto histórico para la vida de nuestra nación.
Objetivo cumplido: reforzamiento de la Corona, aprovechar a ganar imagen ante los ciudadanos del Reino.

Me parece bien. Creo que es lo deseable y lo necesario. A pesar de mi firme convicción republicana creo que no estamos, en estos momentos, para experimentos. Sobre todo porque es evidente que algo tan serio y profundo como un cambio en el modelo de estado debe contar con el mayor de los consensos y el mayor de los respaldos, tal y como ocurrió con el advenimiento de S.M. el Rey D. Juan Carlos.
Todos los "secundarios" han cumplido su papel a la perfección. Perfecto el Soberano saliente adoptando un "perfecto" protagonismo en segundo plano. Perfecto el papel de Doña Sofía (como siempre) que ha vuelto a dar una lección de profesionalidad. Perfecta la presencia de la Infanta Elena. Perfecta la ausencia de la Infanta Cristina.
A partir de ahí, camino libre al nuevo Rey, escoltado en todo momento por la madre y esposa amantísima que se nos ha mostrado más simpática, más cercana, más humana. Su juego de gestos desde el primer momento, tanto con su marido como con sus hijas, lo ha ejecutado de forma perfecta.
Y el broche de oro de la perfección, como siempre ocurre, lo ha puesto la naturalidad. La naturalidad y dulzura de dos niñas (princesa e infanta) que a buen seguro, sin pretenderlo, han conmovido el corazón de todos los españoles de bien.

Se trataba de representar un guión en el que las familias españolas nos identificáramos perfectamente felices y se ha conseguido. Desde la imposición de la faja militar como capitán general de todos los ejércitos hasta su aparición en el Palacio Real hemos visto a una familia a la que es imposible no querer. Y con eso, creo, ha ganado España.

Ha habido detalles novedosos que son atisbo de una imagen propia y más actual: nuevo escudo y cambio de color del azul al rojo carmesí, acudir al traje militar que menos militar parece, fórmula del juramento dando prioridad a los ciudadanos y nuestras peculiaridades autonómicas, ausencia de símbolos religiosos remarcando no su condición personal de católico, sino dando prioridad al carácter aconfesional del Estado, etc. etc. Es evidente que las formas, que en este caso también son fondo, han ayudado al objetivo.
Y también hay que intentar ver el fondo. Sobre todo el de su discurso. 
En mi anterior entrada hablaba de claridad, credibilidad y emoción. Sinceramente creo que las ha buscado con su tono de voz, con su nerviosismo atípico en alguien con sus tablas, con su calidez al referirse a sus padres, con sus breves miradas e incluso con sus escasos movimientos de manos que, de vez en cuando, rompían su imagen regia agarrado al atril. Y el examen lo ha superado.
Por otro lado, el contenido de su discurso, en mi humilde opinión, ha sido, en gran parte, lo que esperábamos. Como buen heredero de su padre ha hecho suyos los conceptos de consenso, diálogo, diversidad cultural, pluralidad lingüística y capacidad de una nación que ha demostrado tener en la unidad su mejor argumento para conseguir el bienestar de todos los ciudadanos. Todo ello, esta vez, sin recurrir expresamente ya al espíritu de la transición.
Personalmente me ha emocionado el recuerdo hacia sus padres a los que este país nunca les estará suficientemente agradecido.
Que haya jurado respetar los derechos de las comunidades autónomas imagino que también significará que, desde su posición, pedirá a esas mismas comunidades que cumplan con sus obligaciones y con el respeto a los derechos de España, porque aquí no van a valer paños calientes.
Por cierto, he de resaltar la indecorosa actitud del Sr. Mas y del Sr. Urcullu no aplaudiendo, nobleza obliga, el discurso de quien es ya el Jefe del Estado, un estado al que estos dos sujetos le deben lealtad y respeto en tanto en cuanto no cambie la legalidad vigente. Se olvidan estos indignos representantes de que son la imagen de las instituciones que presiden y no la de sus partidos políticos. Bajo el amparo del Gobierno Vasco y de la Generalitat viven muchísimos ciudadanos, a los que también representan, que hoy hubieran querido ver a sus representantes portarse cortesmente con el Jefe del Estado.
Volviendo al fondo del discurso. Creo que habéis dado en el clavo Señor. La Corona debe ser un símbolo de la unidad de España, pero también un referente y ejemplo para todos los españoles; de lo contrario la Corona no nos servirá. Ahora la pelota está en vuestro tejado. A partir de hoy es el momento de irse ganando el afecto y apoyo de todos para poder emprender un nuevo camino juntos, si no vuestro pueblo os lo demandará y os apartará del camino. Obras son amores... Y desde el minuto uno, tanto dentro como fuera de España comienzan los análisis con lupa.

Se ha citado a Europa, Iberoamérica y los países árabes. Habéis tenido buen maestro, no desperdiciéis ni sus enseñanzas ni sus consejos. Creo que no hace falta recordar que la historia de la nación española sería otra sin que en su contexto aparezcan estos territorios. Hoy más que nunca hemos de conseguir mayores alianzas y mayores lazos de amistad. Para eso también habéis ocupado el trono.
Alabo el gusto de haber terminado dando las gracias en las otras lenguas cooficiales en sus correspondientes territorios de España, pero creo sinceramente que no hubiese sido incompatible haber cerrado vuestro discurso, en momento tan solemne, con el clásico ¡Viva España!
Por mi parte, ¡Viva el Rey!

martes, 17 de junio de 2014

Primera oportunidad de F6: El discurso

Tenía pensada una entrada sobre lo divertido que puede ser hablar en público, pero tras una lectura rápida de la prensa de los últimos días, he cambiado de opinión. Lo dejaré para la próxima.
He pensado que desentonaría si no aprovecho mi propio espacio para escribir sobre el asunto que esta semana hará historia de España. Así que estos renglones aluden a quien va a ser nuestro próximo Rey.
Monárquicos, republicanos, nacionales, nacionalistas, derechas, izquierdas (hasta la extrema), empresarios, sindicatos, directores de medios, reporteros, gente de bien, mala gente, juristas, legos, funcionarios, desempleados, platós de televisión, tertulias de radio... Todo el mundo aprovecha estos días a lanzar su opinión en forma de deseo sobre qué debe ser o qué debe hacer el nuevo monarca.

Será muy interesante seguir de cerca todo el protocolo y el ceremonial preparado para la ocasión; por novedoso e inusual. Imagino que serán muchos los análisis de las novedades y muchas las comparaciones con el mismo acto que protagonizó el Rey Don Juan Carlos hace 39 años. Habrá que verlo y tiempo tendremos de comentarlo.
Hoy, más que las cuestiones de ceremonial, me interesa el discurso de Felipe VI: lo que va a decir y cómo lo va a decir.
Porque lo cierto es que los españoles vamos a estar muy pendientes. No están las cosas para andarse por las ramas. Ni para él, el Rey, ni para nosotros, los ciudadanos.
Me satisface enormemente haber escuchado que S.A.R. el Príncipe de Asturias ha compaginado estos días su apretada agenda de actos oficiales con la dedicación del tiempo necesario para la preparación del discurso. Es fundamental para conseguir una buena comunicación personal prepararse, prepararse mucho y ensayar.
A partir de ahí, Señor, espero que acudáis en vuestro discurso a los tres elementos esenciales de la comunicación humana: la claridad, la credibilidad y la emoción.
Vos, Señor, tenéis la obligación de persuadir a los españoles y españolas que estaremos pendientes de cómo se escribe otra página de nuestra historia; la historia de una nación que lleva unida más de 500 años. Por eso estaremos muy pendientes de su palabra. Del contenido de vuestra palabra y de vuestra elocución y pronunciación como expresión máxima de la claridad que necesitamos para ser persuadidos de que vuestra Jefatura de Estado será próspera para nuestra nación.
También estaremos muy pendientes de vuestras argumentaciones. La dialéctica, que no es otra cosa que el arte de argumentar, se hará esencial para que lo que nos traslade tenga visos de credibilidad. Debéis esforzaros, Señor, en resultar creíble porque no tenéis el beneficio de la duda ante el pueblo español.

Y, por supuesto, analizaremos vuestros gestos, vuestros movimientos, vuestras expresiones corporales que, junto con el poder de la palabra son imprescindibles para que lo que nos transmita nos llene de emoción. Está muy bien buscar el afecto y el cariño dando a conocer un par de fotos de revista mostrando a todos la felicidad que siente escoltado por sus dos hijas (guapísimas, por cierto). Pero los españoles necesitamos emoción para poder hacernos partícipes de vuestras intenciones, de vuestros objetivos. 

Claridad, credibilidad y emoción necesarias para que vuestro pueblo os siga y os empuje en la tarea de representar a la nación española como su máximo exponente.
Así pues, y dicho lo cual, traigo aquí los inolvidables versos entre D. Luis y D. Juan, de mi paisano José Zorrilla en su Tenorio:
"¿Estamos listos?
Estamos
Como quien somos cumplimos
Veamos pues lo que hicimos..."