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martes, 23 de abril de 2019

Sobre los debates

Parece obligado escribir en este espacio sobre los dos debates a los que hemos podido asistir en estos dos últimos días entre los candidatos a presidente de gobierno de España.
Procuraré no hacer ningún análisis político. Todos tienen sus propuestas (o no). Y me limitaré a comentar asuntos relacionados con la comunicación. (lo digo por si quieres dejar tu lectura aquí).
Resultado de imagen de debate tveLa primera pregunta que me planteo es si los debates sirven para algo. Parece que no, siempre y cuando no cometas algún error grave. En segundo lugar, ¿ha contribuido a la salud democrática, aparte de darnos mucho juego, un debate en el que hay un ausente principal que, seguramente, tendrá mucho que decir en la solución del próximo gobierno? Parece que no. En todo caso, personalmente, pienso que son buenos y necesarios. Deberían ser obligatorios.
De todos es conocido que lo que ocurre en un debate está pensado al milímetro. Desde el vestuario a la actitud, pasando por las frases y mensajes fuerza o, por supuesto, el lenguaje gestual, debería estar perfectamente diseñado y ensayado.
Siendo un debate televisado, es evidente que el lenguaje no verbal y las "llamadas de atención" adquieren máxima importancia.
Siendo un "doble" debate en días consecutivos, parece que lo lógico es prepararlo pensando en el conjunto.
Siendo un debate para persuadir a demasiados millones de españoles indecisos, cobran importancia la credibilidad, la coherencia y, sobremanera, las emociones.
A partir de aquí, juzgad vosotros mismos.
Sánchez: en presidente, defendiendo su gestión y avisando del peligro de las 3 derechas. Con dominio del lenguaje gestual, aprovechando su envergadura y utilizando a la perfección las entonaciones de su voz y la expresión facial. Mensaje contundente: justicia social.
Iglesias: indumentaria al uso para su público y lenguaje gestual correcto. En el primer debate se deshizo pronto del bolígrafo entre los dedos pero mantuvo mucho tiempo su mano izquierda inmóvil y oculta, lo que le hacía perder fuerza en su mensaje. Magistral en el segundo, por su indumentaria, por separarse hábilmente del "circo" de encontronazos e interrupciones y por la contundencia de sus propuestas; tanto que resultaban creíbles. Volvió por el camino de las emociones, cual mesías, exigiendo respeto para la audiencia y erigiéndose en la voz de los deseos de la gente. Terminó con el "sí se puede" del 15-M.
Casado: aunque la sonrisa sea uno de los principales ingredientes de la comunicación eficaz, mantenerla permanentemente, incluso cuando te acorralan, no ayuda a ganar credibilidad (el momento en que prácticamente se abalanza Sánchez sobre él hablando de las mujeres, resultó demoledor). La expresión facial en televisión es importante, y Casado no la supo interpretar en el primer debate, tanto es así que trasladaba con su leve sonrisa, falta de coherencia. Mejoró bastante en el segundo, también con su lenguaje gestual. Hizo un buen uso de los recursos gráficos y realizó un minuto de oro mucho más eficaz que el del primer debate.
Rivera: magistral en el primer debate. Lenguaje gestual, expresión facial permanente, uso de recursos para llamar la atención, minuto final épico aprovechando la música que sabía iba a tener de fondo y, sobre todo, la actitud que le hizo posicionarse como principal adversario de Sánchez en el debate. Prácticamente su único error fue que su corbata producía reflejos. En el segundo le sobró su propio nerviosismo y las constantes interrupciones provocadas por indicación de su asesor. Creo que se pasó de frenada. Sin embargo colocó un minuto final soberbio, apelando a las emociones, contándonos una historia, su propia historia, que remató en sus declaraciones a la salida del debate, dedicándole esas palabras a sus padres y a su familia. Otro de sus aciertos fue el contacto visual (con el espectador); mirando permanentemente a cámara para trasladar directamente los mensajes fuerza a quien de verdad le interesaba, el espectador.
Pensar en quien ha ganado los debates no sirve de mucho, puesto que, no siempre quien gana los debates gana las elecciones. Además, dependiendo de las expectativas de cada uno de ellos y de las nuestras, el vencedor puede ser diferente.
Estoy seguro que Sánchez se considera vencedor porque no ha perdido por K.O. Casado se considerará vencedor porque después de haber perdido una oportunidad de oro en el primer debate, en el segundo remontó claramente. Rivera pensará que ha sido el vencedor llevado por la euforia de su clara victoria en el primero y porque es, a mi juicio, el que mejor ha manejado las herramientas de la comunicación y la persuasión. También Iglesias pensará que ha sido ganador porque en el segundo debate, a sabiendas de la previsible bronca, preparó milimétricamente su actitud sosegada e institucional; tanto que se enfundó un jersey de chico bueno cargado de simbolismo (por la marca).
En todo caso, recordad, cuando la razón y la emoción entran en conflicto, suele ganar la emoción. 

domingo, 18 de junio de 2017

Sobre la moción de censura

Parece lógico que en este pequeño espacio que comparto contigo, amigo lector, haga referencia a toro pasado, al espectáculo al que estuvimos sometidos por mor de la presentación de una moción planteada por uno de los grupos representados en la Cámara Baja.
Me reservo lo que pienso del uso que se ha hecho de una herramienta que prevé nuestro sistema democrático. Allá cada cual. 
Sólo tengo la intención de destacar lo que, en mi opinión, ha sido lo más relevante durante las horas de bochorno (entiéndase como se quiera) que hemos visto y oído. Y lo haré rápido.

Objeto de la moción: propaganda política para intentar cerrar filas en torno a un líder tocado en su popularidad. Objetivo parcialmente cumplido. 48 horas de propaganda permanente y nacimiento de una nueva "mesías" ("la que tiene paz" que no hace honor a su nombre) que no estrella parlamentaria. Los correligionarios enfervorizados aunque la imagen pública ha sufrido un duro revés, en mi humilde opinión.
El cuestionado, perfecto. A sabiendas de que no iba a ser tumbado, sin embargo, decide lanzarse a la arena sin esperar más turno, sorprendiendo al respetable y cuaja una faena de las que encumbran a un diestro. Será soso, poco gracioso y, a veces, hasta huidizo, pero domina los tiempos y las situaciones como nadie y lo ha vuelto a demostrar. Resolvió el trance templando y por derecho, como sólo los maestros saben hacer. En política no hace falta gritar ni insultar para vencer al adversario. Basta saber poner en valor ante el respetable las fortalezas de una forma sencilla y clara.
La frase: sin duda me quedo con la metáfora de Albert Rivera. (¡impecable sin corbata!)  "Si una casa tiene goteras se arreglan las goteras... si una casa está sucia se limpia... pero no hay que demoler la casa". Siempre insisto en que una buena oratoria requiere del esfuerzo, sobe todo, de encontrar frases elocuentes, relatos, ejemplos, metáforas que fijen de forma clara y eficaz nuestro mensaje en la mente de nuestro auditorio. Rivera lo consigue de forma magistral cuando se dirige a Iglesias Turrión pidiéndole que no demuela España ni el sistema.
El discurso: si hubiera estado acompañado de una buena comunicación no verbal, hubiera sido el discurso perfecto el de la diputada Oramas. De construcción impecable, breve, consiguiendo claridad, credibilidad y emoción. Con una captación del interés inicial sencillo pero efectivo: "Dicen que el teatro está en crisis pero no parece que sea cierto..." que se convierte en parte del hilo conductor. Muy bueno su lenguaje paraverbal en cuanto al volumen, el manejo de los tonos y los silencios. Lástima la pérdida de contacto visual con el auditorio por estar demasiado pendiente del papel. Remató una gran faena en la réplica donde sí manejó perfectamente su lenguaje corporal, sobre todo con sus manos y su expresión facial amable mientras terminaba por destrozar al candidato con un cierre llamativo que enlaza con el inicio y encierra de forma sutil el mensaje y vuelve a recordar a la cubana La Lupe: "...lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro".
Por cierto, hoy mis alusiones a términos taurinos han venido a mi mente fruto del recuerdo del maestro vizcaíno Fandiña. (DEP) 

domingo, 21 de mayo de 2017

No me gustan las "primarias"

Como sabéis, no soy politólogo. Lo mío es la consultoría de comunicación (política y empresarial) y los entrenamientos de oratoria. Pero, lo cierto, es que se me hace muy difícil no aprovechar este espacio para hablar de las primarias, aunque sea como un ciudadano de a pie. 
Mucho se ha escrito (y se seguirá escribiendo) sobre las "primarias" ese sistema de designación de líderes y candidatos que, como dijo en su día la hoy derrotada Susana Díaz, ha llegado para quedarse.
El nuevo tiempo político se mueve, como el resto de valores sociales, culturales, morales y religiosos, en esa resaca que nos ha dejado la marea del relativismo que lleva inundando occidente desde hace décadas; para entendernos, lo que se denomina "políticamente correcto".
No pretendo analizar las ventajas y desventajas de este sistema. Ya han escrito muchos colegas sobre ello. Simplemente quiero dejaros mi reflexión y mi opinión (si os interesa) sobre estas primarias que creo están desdibujadas desde que volvieron en etapa democrática. Un viejo profesor de Derecho Administrativo, Gaspar Ariño, nos decía que no había problema en copiar, siempre que copiáramos a los mejores...

No me gustan las primarias. No creo, sinceramente, que democraticen la vida de los partidos políticos. ¿Acaso las diferentes familias, aparatos o corrientes en ellos no ponen en marcha sus maquinarias (triquiñuelas censales incluidas) de tal forma que esa pretendida apertura democrática queda capitidisminuida?.

No me gustan las primarias porque generan heridas en las bases, en el núcleo sustancial, muy difíciles de suturar porque vienen producidas por las refriegas y enfrentamientos que, en ocasiones, se producen bajo el fuego cruzado de deslealtades, enfrentamientos personales y guerrillas (juego sucio).

No me gustan las primarias porque mientras no se adecuen las estructuras internas de los partidos y se rectifiquen los sistemas de elección (aunque sean primarias) asistiremos a épocas de "cesarismo" como advirtió Felipe González. Líderes omnipotentes con los que perderemos el debate de las ideas para centrarnos en proyectos personalistas.

No me gustan las primarias porque no estoy de acuerdo en convertirlas en paradigma más democrático que otros sistemas de participación.

Es verdad, han venido para quedarse. De acuerdo. Pero los partidos políticos deberían avanzar rápidamente en las reformas de algo mal copiado. De momento, las primarias no ayudan a reconocer la pluralidad en torno a modelos e ideas dentro de la misma organización (el que gana se queda con toda la pieza). Si no lo hacen, eso sí, seguiremos en lo "políticamente correcto" pero como en otras tantas cosas, llevados por una gran mentira. 

martes, 8 de diciembre de 2015

El debate decisivo lo ganó el bipartidismo



Sí, ya sé que es probable que nadie esté de acuerdo. Entre otras cosas porque lo que está de moda es desear que se termine con la representación parlamentaria en forma de dos fuerzas mayoritarias acompañadas de un pequeño grupo de partidos menos representativos y las fuerzas territoriales. Veremos, caso de producirse, si resulta bueno para nuestra Nación (recordemos que los países de nuestro entorno próximo siguen manteniendo su estabilidad gracias a la presencia de dos grandes fuerzas políticas).
Pero hoy, de lo que se trata es de "opinar" sobre el debate llevado a cabo anoche en atresmedia. Así que a ello voy.
La verdad es que se montaron un buen show business a costa de aparecer como los adalides de la pureza democrática y la libertad de expresión. Sí, lo digo con desdén, porque me parece injusto y sectario montar un debate bajo apariencia de pluralidad cuando no están, ni siquiera, todos los que tienen representación parlamentaria en estos momentos: ¿dónde estaban  IU y UPyD? ¿Estos son los modos de la nueva política?.
Una de las grandes polémicas previas fue la ausencia de Rajoy. A mi juicio, creo que hizo muy bien el señor Rajoy en no acudir, mucho más cuando fue sustituido por una más que digna Soraya Sáez de Santamaría. Acudir, hubiera sido un error de principiante. ¿Alguien piensa que no ir le ha restado votos al PP ante semejante debate? Más bien al contrario; su ausencia evitó que nos tragáramos dos horas de ataques permanentes y furibundos a la persona que han convertido en icono de la maldad política.
En cuanto a la escenificación del debate, todos acudían con la lección bien aprendida, con sus mensajes definidos, su estética cuidada de cara a su público y su batería de ataques a quienes consideran sus más directos adversarios. Debo decir, en este punto, que Sánchez me pareció el más correcto en cuanto a la vestimenta. Si pretendían empatizar con el mayor número de personas el que mejor lo consiguió fue Pedro Sánchez con americana, pantalón y corbata de color corporativo. Bien Soraya por su discreción y neutralidad. Iglesias en su línea desarreglada hasta el último detalle para contentar a los suyos. Y me sorprendió Rivera con su aspecto excesivamente serio, de traje y corbata, que no sé yo si era el mejor atuendo para acercarse a la gran masa de centro que quiere conquistar con su cara de niño bueno.
Todos intentaron mantener un relato a lo largo del debate. Desgraciadamente el mismo relato que ya conocemos: economía para ganar el bienestar, un partido histórico que ha hecho historia, lo nuevo frente a lo viejo y, yo no soy casta porque me levanto a las seis de la mañana.
Algunas cosas que me resultaron curiosas. 

Las emociones a través de los rasgos faciales estuvieron controladas durante la mayoría del tiempo. Sánchez mantuvo sus rasgos de felicidad a la cámara (incluso ante los ataques irónicos de Iglesias) y supo cambiar al registro de enfado en materias de su interés, por ejemplo, cuando habló de corrupción. Su tono de voz y su ritmo acompañaron perfectamente su rostro y sus mensajes, al igual que su movimiento corporal. Eso sí, demasiadas huidas a los papeles.

Soraya que mantuvo un control y dominio de sus rasgos faciales casi perfecto (trasladando lo que ella quería trasladar) durante todo el debate, sin embargo perdió en varias ocasiones la mirada en su minuto final, lo que restó credibilidad y conexión a sus mensajes con el público. No entiendo tampoco su posición de brazos caídos mientras hablaban los adversarios, trasladando demasiada indiferencia hacia su interlocutor. El gran momento de Soraya lo tuvo al hablar de la violencia machista; su entonación, la mirada, sus manos y, sobre todo, cómo recogió a sus tres adversarios en su favor, plasmaron lo que, para mí fue lo mejor del debate en cuanto a técnica se refiere (no olvidemos que se hablaba de un asunto que quieren monopolizar, precisamente, los partidos de izquierda)
Lo de Rivera y sus movimientos al estilo entrenador de fútbol en la banda, la verdad que no lo entiendo. Ese nerviosismo le resta seguridad y credibilidad al mensaje. Si a eso le sumamos sus continuos toques al botón de la chaqueta, nos encontramos con un candidato que dice muy bien lo que dice, pero con mucha inseguridad. 
Tampoco controló demasiado su expresión facial. Pienso que había demasiado enfado en su rostro en demasiadas ocasiones, alejando la atracción que en estos momentos recae sobre él. Pero, sin duda, lo que más me sorprendió fue su ritmo acelerado, sobre todo al inicio del debate. Se olvidó Rivera que no estaba en un mítin; los que le escuchábamos estábamos en el sofá, tranquilamente, y ese ritmo nos desconcierta.
Iglesias, que de esto es el que más sabe (también Errejón) no se salió de su guión en ningún momento. Su estética cuidada al milímetro, su rostro mesiánico, su relato de los parias de la tierra y su entonación entre la épica y el púlpito, cumplieron a la perfección el objetivo: no perder un voto más. Eso sí, fue el único que se atrevió a dar un paso más en el lenguaje gestual, llevándose el puño al corazón al terminar su última intervención. Y algo que no termino de entender: ¿tanta inseguridad tiene este hombre que tiene que aparecer siempre con un bolígrafo entre las manos?
En definitiva, las técnicas clásicas, las mismas intenciones, los mismos mensajes... Nada nuevo, nada viejo: esto es política. Por eso creo que ganó el bipartidismo. ¿O quien ganó fue Atresmedia?