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domingo, 18 de junio de 2017

Sobre la moción de censura

Parece lógico que en este pequeño espacio que comparto contigo, amigo lector, haga referencia a toro pasado, al espectáculo al que estuvimos sometidos por mor de la presentación de una moción planteada por uno de los grupos representados en la Cámara Baja.
Me reservo lo que pienso del uso que se ha hecho de una herramienta que prevé nuestro sistema democrático. Allá cada cual. 
Sólo tengo la intención de destacar lo que, en mi opinión, ha sido lo más relevante durante las horas de bochorno (entiéndase como se quiera) que hemos visto y oído. Y lo haré rápido.

Objeto de la moción: propaganda política para intentar cerrar filas en torno a un líder tocado en su popularidad. Objetivo parcialmente cumplido. 48 horas de propaganda permanente y nacimiento de una nueva "mesías" ("la que tiene paz" que no hace honor a su nombre) que no estrella parlamentaria. Los correligionarios enfervorizados aunque la imagen pública ha sufrido un duro revés, en mi humilde opinión.
El cuestionado, perfecto. A sabiendas de que no iba a ser tumbado, sin embargo, decide lanzarse a la arena sin esperar más turno, sorprendiendo al respetable y cuaja una faena de las que encumbran a un diestro. Será soso, poco gracioso y, a veces, hasta huidizo, pero domina los tiempos y las situaciones como nadie y lo ha vuelto a demostrar. Resolvió el trance templando y por derecho, como sólo los maestros saben hacer. En política no hace falta gritar ni insultar para vencer al adversario. Basta saber poner en valor ante el respetable las fortalezas de una forma sencilla y clara.
La frase: sin duda me quedo con la metáfora de Albert Rivera. (¡impecable sin corbata!)  "Si una casa tiene goteras se arreglan las goteras... si una casa está sucia se limpia... pero no hay que demoler la casa". Siempre insisto en que una buena oratoria requiere del esfuerzo, sobe todo, de encontrar frases elocuentes, relatos, ejemplos, metáforas que fijen de forma clara y eficaz nuestro mensaje en la mente de nuestro auditorio. Rivera lo consigue de forma magistral cuando se dirige a Iglesias Turrión pidiéndole que no demuela España ni el sistema.
El discurso: si hubiera estado acompañado de una buena comunicación no verbal, hubiera sido el discurso perfecto el de la diputada Oramas. De construcción impecable, breve, consiguiendo claridad, credibilidad y emoción. Con una captación del interés inicial sencillo pero efectivo: "Dicen que el teatro está en crisis pero no parece que sea cierto..." que se convierte en parte del hilo conductor. Muy bueno su lenguaje paraverbal en cuanto al volumen, el manejo de los tonos y los silencios. Lástima la pérdida de contacto visual con el auditorio por estar demasiado pendiente del papel. Remató una gran faena en la réplica donde sí manejó perfectamente su lenguaje corporal, sobre todo con sus manos y su expresión facial amable mientras terminaba por destrozar al candidato con un cierre llamativo que enlaza con el inicio y encierra de forma sutil el mensaje y vuelve a recordar a la cubana La Lupe: "...lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro".
Por cierto, hoy mis alusiones a términos taurinos han venido a mi mente fruto del recuerdo del maestro vizcaíno Fandiña. (DEP) 

martes, 9 de mayo de 2017

Los silencios

Llevo queriendo escribir desde hace tres semanas sobre el silencio y no lo he conseguido hasta hoy por diferentes motivos. Justo terminada, y vivida, la Semana Santa en mi ciudad me dí cuenta que tenía que escribir sobre los silencios por la importancia que tienen. De eso te das cuenta acompañando a las procesiones de Valladolid o escuchando alguna de las intervenciones de Obama o del Papa Francisco.

Hablo de la importancia del silencio, o los silencios. desde un punto de vista práctico en la comunicación eficaz y persuasiva, aunque sea inevitable recordar las palabras del porteño Borges que decía aquello de "no hables a menos que puedas mejorar el silencio".

El silencio (los silencios), como en las composiciones musicales, constituyen una herramienta fundamental de la comunicación. Da igual que hablemos de la comunicación pública, corporativa, o de la comunicación personal. Siempre tenemos que tener en cuenta el silencio, los silencios.

En la comunicación pública, incluso en situaciones de crisis, hay que valorar la oportunidad de callar. Al menos hasta que no se tenga claro qué decir y qué poder contar. Aún a riesgo de que por guardar silencio otro ocupe nuestro espacio hay que valorar nuestros silencios. A veces basta con comunicarlo, es decir, decir que no tenemos nada que decir.
Algunas corporaciones, compañías o gobiernos hubieran agradecido un poco más de silencio y menos precipitación a la hora de afrontar una situación de crisis.

Pero hoy quería centrarme más en el silencio (los silencios) como elemento paralingüístico  y como herramienta en la práctica de la oratoria en la comunicación personal.
El uso del silencio aumenta exponencialmente la eficacia de nuestra comunicación si es utilizado con habilidad y en los momentos oportunos.
El silencio es el mayor aliado para centrar la atención del auditorio. Por ejemplo, un silencio tras el saludo inicial es la mejor llamada de atención ante cualquier tipo de auditorio para comenzar a trasladar nuestro mensaje. Un silencio nos ayudará a recuperar la atención de quienes nos lleven escuchando unos minutos y probablemente estén a punto de desconectar.
El silencio, de apenas un par de segundos, ayudará a quien nos escucha a no abandonar el hilo argumental que le estamos ofreciendo.
El silencio también nos ayudará antes y después de marcar nuestros mensajes, aquello que realmente nos interesa que quede en el recuerdo del oyente o espectador. 
El silencio nos ayudará a taladrar la mente del auditorio para que a través de ese agujero penetren las palabras, las ideas que consigan persuadir a quien nos escucha.
Un silencio, incluso, nos ayuda a mantener una buena respiración y a beber un pequeño trago de agua para desterrar cualquier síntoma de nerviosismo escénico.
Como veis, son todo ventajas.

Es agradable comprobar en los entrenamientos la sorpresa de muchos (sobre todo jóvenes) cuando se dan cuenta que parte del tiempo de su intervención ante los demás debe estar compuesta de silencios para conseguir la atención, ganar eficacia o resultar más persuasivos.
Bien administrados, los silencios constituyen una de las claves de las intervenciones exitosas. Como en las composiciones musicales. 

domingo, 5 de julio de 2015

La carrera por la humildad

La muerte de mi amigo, el socialista Ángel Velasco, ha traído a mi mente el concepto de humildad.
En mis entrenamientos de oratoria y comunicación personal siempre es obligatorio conocer las 10 habilidades personales que hay que mejorar a la hora de hablar y comunicar a los demás. Una de estas habilidades es la humildad. Y hablo de habilidad y no de virtud, porque estamos hablando de cómo mejorar nuestra comunicación personal ante los demás entrenando y no de cómo cultivar nuestra alma y forjar nuestra forma de ser.
Una vez que ya están designados todos los candidatos a presidente de gobierno para las próximas elecciones, todos ellos elegidos conforme a los métodos democráticos que más se adecuan a sus intereses, les invito a que hagan un pequeño seguimiento a lo largo de la "larga" campaña a ver quién de todos se hace con el primer puesto en comunicar con humildad (nótese que no hablo de ser humilde porque, creo, ninguno lo es).
Ahí los tenemos a todos.
Rajoy se empleará en trasladar todos los esfuerzos (y los de los españoles) que ha habido que realizar para sacar a España de la crisis. Con humildad (pero con eficacia) deberá exponer todos sus éxitos. Para ello quizá debiera pensar en una buena selección de "humildes" para hacerlo y dejar sin voz a algunos de los que le rodean (en Moncloa y en Génova); simplemente porque no comunican con humildad. Por supuesto, habrá de aplicar la humildad para pedir disculpas, también, por lo errores.
Iglesias, que parece que ya ha estabilizado el vuelo, deberá añadir grandes dosis de humildad porque parece que el "loock" humilde no es suficiente. Si quieren llegar a la mayoría, deben dejar de atacar a la mayoría. Para eso, quizá, deban renunciar a algunos de sus principios y no sé si están dispuestos. Aunque, quizá se encuentren cómodos en estos resultados y hayan cumplido ya sus objetivos.
Garzón, en mi opinión ha confundido la humildad con el victimismo fraterno. Lo tiene complicado porque la humildad es un ingrediente necesario para la buena comunicación; pero también es cierto que quien te escucha, le gusta apuntarse a caballo ganador y para eso,
muchos de los suyos, ya tienen a Podemos.
Sánchez habrá de mejorar en humildad en su discurso, aunque para ello ya ha entrado de lleno (una vez más) en el más puro estilo Obama con bandera nacional y de la mano de su esposa sobre el escenario. No está mal el intento. Ahora toca el discurso.
Y Rivera, cuya puesta de largo se ha producido este fin de semana. Hasta ahora es el que mejor ha puesto en práctica la humildad en el mensaje. También, no es menos cierto que es el que más fácil lo tiene, de momento. Con las maneras de Obama en lo sustancial y una escenificación espartana y austera, conocemos sus primeros paseos en público con su pareja el mismo fin de semana que es noticia por su candidatura a la presidencia del gobierno.
Lo dicho, seguiremos las carreras por la humildad de nuestros candidatos para comprobar si hacen caso a aquello que escribió Cicerón de "cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser"

domingo, 1 de febrero de 2015

El discurso (rap) de Pablo Iglesias en Sol. Nada nuevo.

Una más sobre discursos. Quizá también otra inevitable. Como siempre con la intención de analizar la intervención técnicamente y desde el punto de vista de la comunicación. 
Lo escuchado y visto ayer en la Puerta del Sol a P. Iglesias, desde el ámbito de la oratoria y desde el prisma de la comunicación política no constituyó ninguna novedad. Eso sí, está claro que algunos, muchos probablemente, piensan que sí. No estoy diciendo con esto que lo ocurrido este sábado no sea importante.

El discurso, ha sido construido de manual. De manual clásico, cosa que me congratula. Con una captación inicial del público, congregado y entregado, muy bien pensada: "qué bonito es ver a la gente haciendo historia. Es emocionante ver al pueblo sonreír en la Puerta del Sol" . Estarán conmigo que es una muy buena manera de centrar la atención del auditorio. De paso, daba por sentado "su" propósito: "hacer historia" (muy propio de liderazgos férreos y agresivos), aunque la cifra de los llegados de todo el territorio nacional haya estado en torno a 150.000 según el medidor de El País. Desde luego la cifra no es despreciable pero no se acerca a las expectativas. Además, a los tiempos que vamos, ojo con determinadas exhibiciones. El efecto sobre la comunicación política de algunas acciones puede ser muy caprichoso.

El relato está perfectamente encajado sobre la técnica de vender sentimientos y no ideas, con una frase que se repite a la perfección: "hay que soñar, pero nos tomamos muy en serio nuestros sueños". Pero nada nuevo. No vamos a recordar aquí el gran número de discursos políticos que giran en torno a los sueños y la esperanza. Además seguro que a muchos de ustedes ya les ha venido a la mente Martin Luther King. Sueños y esperanzas que han buscado ser referente identitario a través de un guión literario, jalonado de autores e imágenes literarias (incluidos personajes).

Bien empleados recursos y elementos retóricos, han acudido sin ambages y por derecho al corazón de los asistentes y de quien les haya querido escuchar. Nada nuevo tampoco. Ha faltado oír el "a este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió". Eso sí, todo muy al estilo de grandes personajes del celuloide como ese Williams Wallace en "Braveheart", el personaje de Al Pacino en "Un domingo cualquiera" o Gladiator en la batalla germana. Por supuesto sin abandonar estilos como el de Alejandro Magno o, como es lógico, su antiguo referente B. Obama en su propio "yes we can" y su discurso del cambio queriendo hacer de la Puerta del Sol, Iowa. 
Mensajes tan directos al corazón que en nada se diferencian de mensajes como este: "...somos enemigos del sistema capitalista de hoy, con su explotación de los económicamente débiles, con sus sueldos inferiores, con su indecente valoración del ser humano según las propiedades que posea, en vez de su sentido de responsabilidad y forma de actuar..."  (Alemania 1 de mayo de 1927). Nada nuevo, pues.

El cierre de la intervención apelando a la patria y al patriotismo, es atrevido y por eso lo considero muy acertado. A algunos de los presentes quizá les sonó raro, pero no es menos cierto que ha sido el único concepto transversal que se ha lanzado dado que el resto de mensajes ha circulado entre "arriba y abajo", "ricos y pobres". Probablemente es lo que se ha buscado. Conseguido.

En otro orden de cosas, el discurso de P. Iglesias ha sido correctísimo en cuanto a duración se refiere, cosa que es rara y de agradecer en un orador político.
Su imagen, en cuanto a indumentaria, perfecta en tanto en cuanto es la imagen que pretenden vender. ¡Por cierto! hacía tiempo ya que no escuchaba a nadie utilizar el uso de la corbata y la gomina como imagen para esconder un mensaje. Vieja herramienta, nada nuevo.
En cuanto a la lectura del discurso, fue caótica. Perdió muchos momentos de poder mirar a su auditorio. Daba la sensación de que no se lo había preparado.
Su lenguaje no verbal fue casi inexistente, secuestrado por la necesidad de tener que sujetar los papeles con la mano, debido al viento y a lo desproporcionado del tamaño del papel con la superficie libre del atril.
Me ha resultado curioso su ritmo y tono. En ocasiones he tenido la sensación de estar escuchando un rap. Si es lo que estaba buscando, por aquello de encajar su ritmo de discurso en uno de los ritmos más de moda entre los jóvenes, enhorabuena; lo ha conseguido.
La puesta en escena, austera, lo cual me parece muy bien; aunque la imagen de esos "dirigentes" en plan escolta, tan de comité, vuelven a recordarme viejos escenarios.

Hasta aquí mi análisis. No sé..., me recuerda todo demasiado al Felipe González de principios de los 80. Nada nuevo. Un mérito, eso sí: creo que están copiando a los mejores y consiguiendo una comunicación política exitosa.
Otra cosa son los efectos de este tipo de discursos y movilizaciones.
Algunos deberían pensar cómo es posible que les estén adelantando por la izquierda con, otrora, sus mismas herramientas y sus mismos discursos.
Otros deberían revisar por qué hay un porcentaje no desdeñable de votantes propios que optan por cruzar al otro lado.
Los ciudadanos deberemos pensar si en nuestras decisiones como ciudadanos libres debe pesar más la razón o el corazón.

domingo, 25 de enero de 2015

Rajoy: el (único) discurso posible

La noticia relevante de nuestro país hoy, ha sido la clausura de la Convención nacional del Partido Popular a cargo del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Parece obligado hacer algún comentario precisamente en un blog como este.
Dadas las capacidades del Presidente en cuanto a lenguaje corporal y no verbal, es muy probable que este haya sido uno de los discursos posibles. 
Está claro que al Presidente le cuesta mostrar sus manos abiertas mientras habla y prefiere esconderlas recogidas en sus puños, trasladando un mensaje de contundencia permanente (demasiado permanente, diría yo). 
Su expresión facial es la que es, por lo que tampoco podíamos esperar más, ni siquiera mayor simpatía. 
Desde el punto de vista de la elocución, para lo complicado de la redacción de algunas frases, creo que ha salido bien parado, si exceptuamos algún "hablar" por "hablad" que se le ha colado justo al final. 
Podemos discutir si ha mirado o no en exceso a los papeles, pero pienso que ha dominado los momentos adecuados e importantes en los que era obligado mirar al auditorio. 
En cuanto al tono a lo largo de la (larga) intervención, ha sido capaz de mantenerlo y modularlo (a su manera) para incidir en lo que él ha creído que era más relevante. 
Para captar la atención en las cuestiones relevantes ha utilizado, en mi opinión de manera inteligente, la pregunta retórica dirigida al auditorio. Quizás no hubiese estado de más el uso de algún otro recurso para captar la atención más allá de algún giro coloquial.
Las proposiciones y la argumentación han estado bien estructuradas aludiendo a lo que son los temas de interés del ciudadano y enmarcando los asuntos que al Gobierno le interesa remarcar.
La "pelea" con el adversario ha estado presente a lo largo de todo el relato. Tanto que en algún momento ha podido sonar demasiado a la defensiva. Cierto que, en todo caso, las descalificaciones y las críticas hacia esos adversarios han sido, como siempre en Rajoy, un ejercicio de fina ironía, con uso de elementos y mecanismos retóricos que domina a la perfección.
Sólamente hay una cosa que no entiendo, y es la mención al Sermón de la Montaña que lo utiliza como comparación para descalificar.
Algo en lo que el Presidente Rajoy no termina de ser un especialista (y creo que es algo que debería trabajar) es en la captación inicial y la conmoción final. Su arranque, en el exordio de su discurso, no capta de manera suficiente la atención del auditorio. En el final, olvidándonos que sigue haciendo esa cosa tan fea de anunciar que va a terminar cinco minutos antes de hacerlo, lo intentó con esa alusión a la España de la que hay que hablar. Al menos para los congregados en la convención ese "hablad de España" creo que ha servido.
Mucho más meritorio para mí, ha sido la mezcla que ha pigmentado todo su discurso con las ideas de valentía, orgullo y humildad. Sinceramente, creo, ése ha sido el acierto. Con lo que está pasando en Grecia a estas horas, quizás esa combinación a la hora de exponer abiertamente sus acciones, sea, tal y como es el Presidente, la única forma de llegar al corazón de una mayoría de españoles con claridad y credibilidad. El único discurso posible.

sábado, 27 de diciembre de 2014

El discurso del Rey: objetivo cumplido

Para quienes dedicamos nuestro tiempo al mundo de la comunicación, la noche del 24 de diciembre está marcada en el calendario como uno de los momentos importantes: el discurso del Rey a los españoles.

Aún cuando han sido muchos (y desde muchos puntos de vista) los comentarios sobre el discurso de Felipe VI en Nochebuena, parece lógico que también terminemos 2014 en "Obrador de palabras" comentando la citada intervención. Este año, además, la expectación era aún mayor por ser el primero de nuestro nuevo monarca. 
Para despejar cuanto antes la incógnita debo decir que este discurso me ha parecido positivo, muy positivo. Personalmente es un placer ver al Jefe del Estado ajustándose a lo que es un discurso conforme a los cánones: clásicos y actuales. Nunca como ahora se hace necesario recuperar a Cicerón o a Quintiliano.
Si cuando nos dirigimos al público hemos de cultivar la claridad, la credibilidad y la emoción, D. Felipe ha pasado con nota la prueba.
Bajo la premisa de que tenía claro cuáles eran las expectativas de la audiencia, ha marcado claramente tres mensajes; suficientes: corrupción, economía y unidad de España que ha colocado perfectamente al principio, en el desarrollo y al final de su discurso.
Ha sido también sobresaliente su apertura y su cierre, captando de manera inmediata la atención en el comienzo y terminando de forma emotiva su cierre, despedida incluida en las lenguas oficiales.
Significativa ha sido también en el monarca la expresividad, tanto de sus manos como de sus gestos faciales, acompañando en todo momento cada parte del discurso, alejándose de la imagen de busto parlante. Incluso me ha parecido emocionante, a pesar de un cierto titubeo probablemente fruto de la falta de experiencia, el gesto de llevarse la mano al corazón en el momento que hablaba de su relación con los españoles.
El ambiente logrado, como siempre, íntimo, entrañable y cálido con los detalles fotográficos elegidos para la ocasión con toda la intención, para trasladar en imágenes lo que pretende ser la "nueva Casa".
Podemos estar más o menos de acuerdo en la disposición y protagonismo dados a esos detalles, pero estaban todos; incluida la bandera de España y el Nacimiento. Sinceramente yo hubiese preferido un protagonismo mayor de nuestra bandera nacional y menos picaporte de la ventana que estaba a la espalda del Rey. Pero, insisto, es una cuestión de "intereses" y éstos no siempre son coincidentes para todos. Alguien habrá pensado que sustentar la imagen de unidad de los españoles en la exclusiva imagen de quien hoy ostenta la Corona es más eficaz que en otros símbolos que puedan "ofender" en determinados territorios (ellos sabrán, es muy respetable).
En definitiva, para quien hoy despide este rincón hasta 2015, es un "orgullo y satisfacción" haber disfrutado con el discurso del Rey. Objetivo cumplido.
¡Feliz 2015!

domingo, 30 de noviembre de 2014

La palabra: imagen de nuestras ideas

Estaremos de acuerdo en que cualquier mensaje que hoy en día se quiera colocar en el colectivo que nos escucha, debe ir sustentado de un relato. Y nada mejor para conseguir un buen relato que aquél que provoca en el receptor una imagen que lo hará perdurar en el recuerdo. 

Al margen de las herramientas audiovisuales que en esta época nos asisten, quiero reivindicar la PALABRA como la perfecta imagen de nuestras ideas. De tal manera que, será importantísima la elección de la palabra para conseguir una adecuada imagen que sostenga nuestro relato, que ayude a la persuasión de nuestro mensaje. Se trata de algo esencial cuando queremos hablarle no sólo al entendimiento sino también a los sentidos donde quedarán impresas las imágenes de las grandes ideas. Deberemos, pues, saber elegir y emplear las palabras de tal forma que den mayor esplendor, hermosura, fuerza y claridad a nuestro mensaje.
Quiero traer hoy un clásico resumen de diferentes tipos de palabras que, bien elegidas, conseguirán imágenes más nítidas y potentes para nuestro relato y, por consiguiente, mayor contundencia y persuasión de nuestro mensaje.

Las palabras figuradas. A veces, las palabras sencillas y que están en boca de la mayoría consiguen dar fuerza y virtud a la expresión. Aunque en sí mismas no tengan una hermosura y fuerza especial, trasladadas, en ocasiones, a personas y objetos que sólo pueden admitirlas por semejanza se transforman en imágenes potentes. Expresiones como "cuando un pueblo enérgico y viril llora la injusticia tiembla" (Fidel Castro) nos permiten conseguir mayor fuerza utilizando palabras habituales. Qué duda cabe que, en este sentido, la metáfora, la sinécdoque y la metonimia vendrán siempre en nuestra ayuda.

Las palabras enérgicas. No hablamos aquí de la fuerza de la razón sino de las propias palabras que, no sólo por su significado, sino por la propia dicción añaden energía. Podemos conseguir de esta manera imágenes enérgicas que harán fuerte nuestro mensaje. La energía en la palabra no necesita de vocablos refinados o extraordinarios; basta que representen imágenes vivas, aunque sean de uso común. Por ejemplo, las de Moisés: "enviaste, Señor, tu ira que los consumió como una paja"

Los adjetivos. Como sabemos, son las palabras que demuestran las cualidades de las personas o cosas. Los adjetivos pueden aportar también energía a nuestro relato, sobre todo si estos adjetivos son figurados. Por supuesto, nos servirán también para expresar con mayor intensidad los afectos y los sentimientos. W. Churchill: "hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política"  (Llamo aquí la atención para no convertir, con el uso de adjetivos, el discurso en un discurso poético, lo que provocará que se convierta en frío, hueco y falto de energía y esplendor). 

El número. Elegir acertadamente el número, contribuye mucho a animar la expresión del discurso. Si lo que buscamos es conseguir un pensamiento con mayor fuerza podemos cambiar el número de plural a singular: "el hombre es un lobo para el hombre"(Hobbes). Si lo que pretendemos es crear una imagen de abundancia, extensión, frecuencia etc. utilizaremos el plural para conseguirlo.

Los pronombres. Ellos también pueden colaborar sutilmente en la construcción de una sólida imagen de nuestro relato. Los demostrativos le dan fuerza y énfasis a la idea "aquel excitante curso"; pero además, en ocasiones, nos sirven para enfatizar irónicamente condiciones negativas.

Las voces expletivas. Son las voces que se emplean para hacer más llena o armoniosa la locución. Suelen ser adverbios colocados estratégicamente en la frase le conceden más fuerza, "Esto sí que es Hollywood" (Ana García Siñeriz).

Hasta aquí, con mi deseo de que seamos capaces de conseguir la imagen adecuada para nuestro relato a través de la palabra.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Los talentos de la elocuencia

Lo suelo comentar con los clientes que acuden a mis entrenamientos de oratoria: el éxito de un buen orador estriba en enseñar, mover y deleitar. Tratemos pues de dominar la elocuencia que no es otra cosa que "la facultad de hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir". (DRAE)

Podemos entonces afirmar que dos cuestiones han de confluir en un orador: la razón y el corazón. La razón para convencer y enseñar, y el corazón para conmover y persuadir. Y ¿cómo adiestramos a la razón y al corazón? ¿Cómo alimentamos la elocuencia? ¿Qué talentos necesitamos para concluir que podemos abordar dignamente el arte de la oratoria? A continuación repasamos algunos de ellos que se proponen desde antiguo por quienes dedicaron esfuerzos al conocimiento del ser humano.

El primero de ellos, la sabiduría. Difícilmente conseguiremos trasladar nuestro mensaje si no conocemos su contenido, si no hemos pensado y reflexionado sobre él. El gran poeta Horacio reconoció que la sabiduría era principio y fuente de escribir bien. Una sabiduría que va más allá de la simple erudición. Por lo tanto conozcamos aquello que queremos transmitir para que, ayudados de nuestra propia reflexión, podamos elaborar nuevas ideas sólidas, nuestras propias ideas.

La imaginación. Se trata de un talento que nos permite reducir a imágenes nuestros conceptos abstractos. La experiencia vivida y nuestra memoria ayudarán mucho a este fin. Resulta muy interesante, utilizando las dosis y ejemplos prudentes y sin excesos poéticos de imaginación, comprobar cómo un orador es capaz de conmover los ánimos de un auditorio. En nuestro objetivo de persuadir, nos daremos cuenta que ocupa un lugar de similar importancia la imaginación y la razón. No basta con la verdad porque no se entiende lo que no se puede imaginar, no se comprende lo que no se siente y no se persuade a quien no se le conmueve.

Los sentimientos. O los afectos. O por mejor decir, el ánimo. Empezando por el propio. ¿Cómo podremos conmover el ánimo de quien nos escucha si tenemos el nuestro apagado? Podremos expresar con calor aquello que sentimos con entusiasmo. Nos ayudará a expresarnos el calor del corazón y la naturalidad de emocionarnos con lo que sentimos. La sencillez ayudará a intensificar el afecto. Si además somos capaces de combinar corazón e imaginación, seremos capaces de completar la mezcla necesaria para persuadir aún cuando tengamos carencia de alguno de los dos elementos. Recordando lo que leí en un viejo manual, la prueba de que los momentos más sublimes vienen dictados por el corazón y no por algo preparado con la frialdad de lo artificial, es que los enamorados olvidan fácilmente lo que dijeron a su amado el día anterior porque lo dijeron fruto del sentimiento y no del estudio.

El ingenio. Efectivamente: la capacidad del hombre para discurrir es otro de los talentos de la elocuencia; probablemente sea el principal porque
se trata de una disposición natural, nacida con nosotros mismos. Esta fuerza es la que nos hará crear y producir nuestras propias ideas, nuestros propios mensajes, nuestros propios pensamientos. Con ingenio se encontrará la defensa en el ataque; con ingenio se encontrará la salida al éxito en la adversidad. Por cierto, el ingenio no es la extensión de la memoria, aunque en ocasiones el ingenio puede suplir a la memoria, cosa por otra parte poco recomendable para no caer en brazos de la improvisación, enemiga mortal de cualquier persona que haya de presentarse en público con su palabra.

Y hasta aquí. Lo siguiente sería hablar de los componentes de la expresión. Pero eso será ya otro día...

lunes, 7 de julio de 2014

¡Venimos a pasarlo bien!

¡Venimos a pasarlo bien! era el grito de guerra que siempre utilicé con mis chicos y chicas en una lejana etapa en la que mi afición por el deporte de la canasta me llevó a sentarme en el banquillo todos los fines de semana del curso escolar. Se trataba de concienciarnos de que, aunque la actividad exigía esfuerzo y preparación, no por ello dejaba de ser divertida.
Esta idea es la que sigo usando en mis entrenamientos de oratoria con mis clientes porque creo sinceramente que para cogerle el gusto a hablar a los demás, nos lo tenemos que pasar bien.
Hablar en público nos tiene que divertir. Hemos de quitarnos los miedos, las vergüenzas y afrontar el camino de nuestra comunicación hacia los demás como un camino apasionante y divertido; muy divertido.
Sigo pensando que hoy, como siempre, hablar bien es el instrumento más importante de la cultura y de la formación del hombre. ¿Por qué, entonces, nos encontramos con demasiadas personas que, lejos de divertirse, les supone un auténtico calvario? Quizás nos ocurra lo de aquel genial slogan publicitario y es que "lo hemos probado poco".
Querido lector, si eres de los que sufre y cae en las garras del miedo escénico con nervios, sudores, palpitaciones, sequedad etc., plántale cara y adelante: diviértete comunicando a los demás, hablando en público.
Te costará algo de esfuerzo, pero merece la pena. Vas a tener que entrenar, como para andar en bicicleta por la montaña. Pero cuanto más tiempo entrenes más destreza adquirirás; y como con la bicicleta, a mayor entrenamiento mayor disfrute de la montaña, sus paisajes y sus retos.
Comienza por tus círculos más cercanos, con tus amigos. Practica con ellos hablar con claridad, con credibilidad y con emoción. Para ello, lógicamente tienes que saber de lo que hablas, tienes que conocer la materia. Eso te hará ganar seguridad.
Y ensaya. Ensaya mucho. Haz de tus actos cotidianos un permanente ensayo y verás como te llegas a divertir. Imagínate situaciones posibles y cómo las resolverías llegado el caso. Analiza cómo lo hacen otros y cómo lo harías tú. Cultiva tus habilidades teniendo en cuenta que para lograr una comunicación efectiva son ingredientes principales la humildad y la simpatía.
Recuerda que más del 80% de nuestra comunicación es comunicación no verbal. Emitimos mensajes a través de los gestos, las posturas, nuestras expresiones faciales y nuestros movimientos.
Puede ser divertido preocuparnos más por nuestro tono de voz, el ritmo al hablar, el volumen con el que nos dirigimos a los demás, incluso cultivar los silencios. Puede ser divertido analizar nuestras expresiones faciales, nuestra mirada, las posturas habituales que adoptamos cuando estamos con otros, nuestros gestos (sobre todo nuestras manos). Y puede ser divertido estudiar nuestro estilo personal: la forma de vestir, la forma de caminar, nuestros movimientos y rasgos faciales...
Esta es mi manera de animar a todos a hacer un esfuerzo por comunicar mejor, convencido de que ello nos hace más libres y más felices.