domingo, 8 de noviembre de 2020

¡Harto!

👉Ya estamos todos contentos. Joe Biden y Kamala Harris se han hecho con las riendas de Estados Unidos. Estamos abocados a un periodo de felicidad infinito. La vida nos sonríe. Lo demás no importa. Un señor de 77 años que lleva desde los 29 dedicado en cuerpo y alma a la política mostrará al mundo la nueva forma de liderar el país más poderoso de occidente. Tranquilos porque contará con la ayuda inestimable de su compañera de fórmula Kamala Harris, la nueva heroína del pueblo. 
👉Ante tan magno advenimiento, nada importa que la pandemia siga desbocada. ¿A quién le preocupa que nos vayan perimetrando cada vez más? Gran parte de la hostelería nacional paralizada. Nuestros sanitarios quemados por la segunda ola de estrés. ¿Y? 
👉En un mundo, ya ideal, podemos asumir sin rechistar un ataque directo a la libertad de educación. Sin duda que el idioma que nos une, quede relegado en la enseñanza y al margen de lo preceptuado en el artículo 3 de nuestra Constitución no es transcendente en nuestro nuevo mundo. 
👉Ser feliz ahora es asumir de buen grado una subida de impuestos en los albores de una quiebra económica y social descomunal, aunque las conductas y las vidas personales de muchos de nuestros dirigentes no sean especialmente ejemplificantes. Basta con pedir perdón para seguir habilitado en el cargo. 
👉Nuestra complacencia como buenos ciudadanos conlleva seguir agachando la cerviz y dar por bueno el blanqueo de terroristas e independentistas, asumir revueltas, ataques a edificios oficiales y agresiones a negocios privados. 
👉Los causantes de la polarización social se revelan como los grandes conciliadores desenterrando, proyectando derribos e imponiendo minorías. Lo mejor de todo es que tenemos quien vele por la verdad oficial, quien nos fije los colores adecuados de la ropa de nuestros hijos y nos dé de comer en las ignominiosas “colas del hambre”. 
👉Mientras tanto, qué mejor introductor para nuestro monarca en Bolivia que el Vice segundo del gobierno. 
🙏Gracias Joe. Gracias Kamala. Y tú, amigo, no seas facha y sé feliz. 

P.D. Canalizado mi enfado, ¿alguien sabe qué se puede hacer para salir de este albañal?

domingo, 4 de octubre de 2020

¿Qué queremos: villanos o caballeros?

 

Foto clm24.es
“Gente que nació hace menos de 30 años, furiosa con alguien que murió hace más de 40, que tienen presente una guerra de hace 80 años y se olvida que hace menos de 10 un grupo terrorista asesinaba a personas inocentes”.

No sé quién es el autor de esta frase que me ha llegado a través de las redes, pero, cierto es que me ha hecho pensar, otra vez, en la deriva que nuestro panorama político nacional está alcanzado desde hace varios años.

El caso es que, percepciones, marcos conceptuales, selección de valores, primar lo interesante por encima de lo importante, la ausencia de debate intelectual frente a la obsesión por ganar la batalla de las palabras o la exageración del ser emocional, nos han llevado, quizá sin quererlo, a un terreno de juego que lejos de parecerse a un partido de rugby (“ese deporte de villanos jugado por caballeros”), parece, cada vez más, un encuentro de fútbol (“ese deporte de caballeros jugado por villanos”).

Con el único afán de llevarte a unos minutos de reflexión, te dejo algunos de los principios de la comunicación política que manejaron nacionalsocialistas, leninistas y estalinistas, gramscianos o seguidores del Foro de Sao Paulo. Si encuentras referentes actuales, intenta reaccionar. Posiblemente, tu reacción, se convierta en una ayuda inestimable para salvar nuestro actual sistema de libertades:  

“Debemos apoyar con las luchas callejeras demandas que no tienen ninguna posibilidad de resultados. Lo principal es la propaganda y la agitación social en todos los estratos sociales. Hay que estar en contra de la libertad de crítica. Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura. La conquista del poder cultural se logra a través de intelectuales orgánicos infiltrados en medios de comunicación, expresión y universitarios. Divida a la población en grupos antagónicos incitando a la discusión sobre asuntos sociales. Asuma el poder sin ningún escrúpulo. Individualice al adversario en un único enemigo. Responda al ataque con el ataque y si no puede negar las malas noticias, invente otras que distraigan. Convierta cualquier anécdota en amenaza grave. Recuerde que la masa tiene gran facilidad para olvidar. Emita constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Difunda argumentos que estén arraigados en actitudes primitivas. Cree impresión de unanimidad, que todo el mundo piensa igual, para aislar al adversario. Contraprograme al adversario con los medios de comunicación afines...”

Recuerda, como dijo Cicerón, “la historia es genuina testigo del tiempo”. Quizás a muchos no interese recordarla o prefieran inventarla para seguir perpetrando sus objetivos.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Cuando la gestión no importa

A veces, el objetivo de la acción política no se centra en realizar una buena gestión de lo público basada en principios, modelos o acuerdos. A veces, la acción política, simplemente consiste en utilizar lo público, y los escenarios que ello proporciona, para ponerlo al servicio de una ideología o modelo sectario de sociedad. A veces, y es lo peor, la acción política consiste en utilizar los votos recibidos, lo público y los escenarios proporcionados por lo público para trabajar en una sola dirección: el proyecto personal.

En ese momento, la estrategia política supedita toda la táctica y toda la comunicación a la consecución del objetivo vital. No hay mejor herramienta en ese momento, para evitar que nos descubran, que poner sobre la mesa emociones interesadas que vayan construyendo sentimientos donde no tenga cabida la razón. Para ello, resulta muy eficaz construir adhesiones de identidad desde la confrontación: "conmigo o contra mi", plena adhesión al líder.

Y aquí estamos, dejándonos arrastrar exclusivamente por las emociones, salvo honrosas excepciones. No importa nada más. Son las reglas del juego, en mi opinión, desgraciadamente. No sé si podríamos cambiar el estado de cosas animándonos todos a leer y escuchar serenamente a los pocos pensadores y filósofos (de cualquier signo) que aún quedan en nuestro país. Abogo por ello.

De no ser así, creo que, convendría que repasáramos la historia reciente de España. Exceptuando las consecuencias de esta pandemia, el panorama político que observamos a través de las ventanas de nuestras casas se parece bastante a lo visto a principios de los años 30 y a mediados de los 80. Frente popular versus disgregación de la derecha. Algunos podían centrarse en buscar las soluciones; basta con releer la historia.

Alcalá-Zamora se dirige a la ciudadanía para anunciar la República

Sigue siendo mi opinión: mientras liberales, conservadores, centristas, demócratacristianos y regionalistas no sean capaces de encontrarse bajo un mismo paraguas, seguiremos disfrutando de jugadas maestras como la que anunció ayer Sánchez, queriendo visitar el edificio de la Puerta del Sol, actual sede de la Comunidad de Madrid, para reunirse con la presidenta Isabel Díaz-Ayuso. Como lo dejen, es capaz de asomarse al balcón e ir haciendo un ensayo al estilo de D. Niceto Alcalá-Zamora y Torres, el 14 de abril de 1931.

A veces, sólo a veces, deberíamos pensar que para que nuestra planta crezca fuerte y robusta hemos de preocuparnos también del jardín. "Intelligenti pauca"


domingo, 7 de junio de 2020

Escalada en la desescalada


La paciencia cívica demostrada por el pueblo español, parece que no tiene límites. La escalada de provocaciones, insultos y mentiras vivida en las últimas semanas de desescalada en el Congreso de los Diputados y en las ruedas de prensa gubernamentales ponen los pelos de punta.
Bronca en el Congreso: Iglesias llama "marquesa" a Álvarez de ...
Infolibre
Todos pensábamos que la pandemia nos iba a unir. Mira por donde, se han encargado de que esto no se vaya a producir, se hayan cargado los principios básicos de la comunicación política (soluciones, creencias y emociones, dominio de la palabra y persuasión) y hayan convertido una tragedia, con decenas de miles de españoles muertos, en un campo de batalla infecto. Por supuesto, el pueblo sale más debilitado, más “extremizado”, menos unido.
Las nobles armas de la confrontación política como son la gestión de lo público, la dialéctica, la crítica y la alternativa se han transformado en utensilios que socavan la confianza y la propia democracia. No hablemos ya de transparencia, liderazgos colaborativos, rendición de cuentas, humildad o empatía (fulminadas). Es algo así como si utilizáramos la pluma, no para escribir, sino para asesinar.
Black Lives Matter - Wikipedia, la enciclopedia libreLa táctica ha suplantado a la estrategia. ¿Acaso seguirá haciéndose realidad la napoleónica frase “el fin justifica los medios”? Ojalá no sea así. El caso es que, en las últimas semanas, entre asistencia a videoconferencias, redes sociales y lectura de artículos de colegas de profesión, hemos disfrutado mucho profundizando en comunicación política, comunicación de crisis y la comunicación post covid-19.
Pedro Sánchez se ha reunido más veces con George Soros y su clan ...
OK Diario
Pero también he tenido tiempo para darme cuenta de: un uso del poder sin escrúpulos mientras se presume de democracia y estado de derecho; una utilización del estado de emergencia para “colar” cuerpos legislativos cargados de principios ideológicos sin ningún tipo de debate; el uso y control de medios de comunicación afines a modo de bomba racimo que instaure en todo individuo un marco mental del que es complicado escapar; el intento permanente de dividir a la sociedad en grupos antagónicos; la estigmatización pública de la libertad de crítica; la culpabilización y puesta bajo sospecha de quien no apoya la causa; la autodestrucción de la confianza del pueblo en sus líderes; el dopaje mental, a través de herramientas de psicología social, para mantenernos felices. Incluso, como colofón a la desescalada, y fruto de un acto brutal, absolutamente reprobable,  (de éste sí hemos visto imágenes), ha resucitado el “Black Lives Matter”.
En definitiva, tipos como Lenin, Stalin, Gramsci o el instigador intelectual del Foro de Sao Paulo estarían encantados. Quizás lo esté también un tal Soros. Hoja de ruta a cualquier precio.   


viernes, 1 de mayo de 2020

La “nueva” normalidad de la comunicación política


Llevo muchos años convencido de que una buena comunicación se basa en tres pilares fundamentales, tres troncos de los que pueden salir varias ramificaciones: la claridad, la credibilidad y el corazón (las emociones). Las tres “C” de la comunicación.
Imagen de Prettysleepy en Pixabay
En estos tiempos, en los que se nos viene advirtiendo de una “nueva” normalidad, eufemismo admitido para avisar que las cosas van a cambiar, nos guste o no, tengo la amarga sensación de que una nueva normalidad en la comunicación política e institucional se quiere abrir paso. Y, ojalá, me equivoque.

Las ramas de esos troncos, claridad, credibilidad y corazón, crecían proporcionando relato, entretenimiento y valor emocional a liderazgos, partidos, gobiernos y asuntos públicos. Medios de comunicación interviniendo en la gestión pública e interpretando la esfera pública desde la “objetividad” editorial y la lealtad democrática. Estrategias de comunicación política que partían de escuchar y respetar a la gente. Comunicación institucional elaborada sobre el estudio de qué se tiene que decir, la elección del concepto y relato que se va a contar, y la determinación de los objetivos por los que se quiere luchar.


Persuasión, pedagogía, sensibilización, movilización, han constituido conceptos perseguibles con el buen uso de la comunicación política, con el loable objetivo de conseguir la cohesión social.

Sin embargo, o yo estoy viviendo un mal sueño, o de repente, la comunicación política e institucional instalada en nuestra democracia, parece que se dirige a una “nueva” normalidad.
Una normalidad que contempla el vaciamiento de lo emocional frente a lo sensiblero, donde transformamos los muertos y el dolor de decenas de miles de familias, la extenuación y el riesgo de los sanitarios o las colas de miles de personas ante los bancos de alimentos, en números y estadísticas frías, aplausos y vídeos caseros alienantes o el orgullo coyuntural de una solidaridad ciudadana obligatoria.

Se trata de una “nueva” normalidad donde prima la correa de la financiación en unos medios de comunicación convertidos en herramientas propagandísticas, despojados de todo freno ético y estético.

Avanzamos hacia unas estrategias de comunicación política donde ya no se escucha ni se respeta a la gente porque el poder (y la crisis) legitima todos y cada uno de los pasos propuestos en favor del pueblo desprotegido e ignorante.

Imagen de succo en Pixabay
La comunicación institucional camina por senderos donde sus portavoces no saben qué tienen que decir, quizás porque el objetivo perseguido sea inconfesable. Los relatos son simples guiones más o menos épicos que buscan las tripas más que los valores.  

Persuasión, pedagogía, sensibilización, movilización quedan, normalmente, huérfanas de patrocinadores que encuentran más rédito en la división, el frentismo o la superioridad moral. Pareciera que la búsqueda de la cohesión social no fuera ya objetivo ni de políticos ni de instituciones.

Estas ramas descritas en los párrafos anteriores, difícilmente pueden nacer de los troncos de la claridad, la credibilidad y el corazón. Y no se trata sólo de una mala gestión de la crisis y su comunicación. Parece algo más profundo. Ojalá me equivoque. Ojalá sea un mal sueño.


martes, 14 de abril de 2020

¿Dónde están nuestros muertos? Ni empatía, ni compasión.


El Mundo' publica la foto de los féretros en la morgue del Palacio ...
Dicen los expertos que la empatía es uno de los elementos del liderazgo moderno. Goleman, padre de la inteligencia emocional habla de la preocupación empática por la que, no solo comprendemos lo que piensa una persona y sentimos como ella, sino que nos movilizamos espontáneamente para ayudarla. Se supone que es la nueva indumentaria moral que nos hace mejores en el amplio sentido de la palabra, aunque siempre muy cercana al riesgo de la impostura.


A pocos metros de la empatía se sitúa un valor (¿) ancestral del ser humano: la compasión, definida como sentimiento de pena, de ternura y de identificación con los males de alguien. Un valor que filósofos como Arteta vincula con la solidaridad.

En definitiva, hay que saber colocarse en el lugar del otro, entender sus motivos y, sobre todo, hacérselo notar para que sienta nuestro calor.

A la hora que escribo esta reflexión, van ya 18.255 fallecidos oficiales por coronavirus en España. Ni más ni menos que 18.255 familias españolas sumidas en el dolor y la tristeza. 

¿Qué está pasando? ¿De verdad creemos que no dar visibilidad al drama de más de 18.000 familias convertidas en simples cifras es empático, compasivo o solidario? ¿Quién ha decidido que la sociedad española no está preparada para soportar las imágenes de los féretros de esos miles de españoles arrasados por el virus? ¿Es más empático, compasivo y solidario cebarnos con los muertos de otros países o con las interminables muestras de originalidad generadas desde nuestras ventanas y balcones?

Algunas estrategias de comunicación política y de propaganda, así como algunas formas de hacer periodismo, en pleno siglo XXI, debieran hacérselo mirar, incluso por salud democrática.

Por cierto, la empatía también se puede mostrar con pequeños detalles de indumentaria. Es fácil, es una habilidad social y se puede entrenar. Sería un buen detalle.
#QuédateEnCasa #YoSigoEnCasa

miércoles, 19 de febrero de 2020

Soberbia y comunicación de crisis


Resultado de imagen de vertedero de zaldibar¿Qué está pasando? No me puedo creer que nadie haya advertido a los responsables políticos implicados que la soberbia es la peor de las compañeras en casos de crisis. No me cabe en la cabeza que, a pesar del sectarismo informativo del oligopolio mediático o el onanismo intelectual que, no pocas veces, provoca el calor del sillón de los poderosos, puedan pensar que el idiotismo está generalizado en el territorio nacional. Si esto es así, la gravedad de la enfermedad va en aumento.


La soberbia viene a ser un “sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos”. Si hay que desterrar algo en momentos de crisis, esto es la soberbia.

Casos como el vertedero de Zaldíbar, los abusos a menores en Mallorca o el propio “Delcygate”, me han hecho repasar los manuales de comunicación de crisis.

No es este un espacio donde deba desgranar de forma detallada todas y cada una de las cuestiones que ayudan, desde la comunicación, a superar una situación de crisis. Pero no me resisto a recordar cuatro conceptos que han de tenerse siempre presentes: La humildad, transparencia, verdad y gestión de las emociones, es decir, lo que en la jerga denominamos la “pepa”, primero las personas, luego los papeles. 

Parece lógico. Incluso de Perogrullo. Sin embargo, juzga tú mismo, parece que, en estas tres crisis institucionales, ninguno de los cuatro conceptos, se han tenido en cuenta. Quizás porque, en un principio, en ninguno de los casos pensaron que había elementos que justificaran los hechos constitutivos de una crisis. Si es así, se les olvidó el primero de los conceptos que debe mantenerse para que las crisis no se produzcan, la prevención.

Mucho peor es pensar que,  a base de mantener mentiras

repetidas y generar marcos mentales virtuales que niegan 

la trascendencia de los hechos, se crea una realidad 

paralela que suplanta la verdad y la gravedad de los 

hechos.