martes, 16 de febrero de 2021

¿Siempre hay tiempo?



Intento no opinar de política y hablar sólo de comunicación y, en su caso, de comunicación política. Pero tras lo acaecido en Cataluña el pasado domingo y las reacciones en todos los ámbitos, siento la necesidad de desahogarme. 

Hace pocas horas, me he enterado que el PP abandona Génova, 13. Decisión que, al parecer, se ha tomado como consecuencia del descalabro electoral en Cataluña. No he podido evitar una ligera sonrisa porque, justamente, me ha recordado el post que escribí el 7 de julio de 2018 en este mismo blog Malditas primarias

En esa entrada recomendaba al nuevo PP que saliera de las primarias que debería hacer varias cosas. A saber: “Me tomo la licencia de contar lo que yo haría si fuera el nuevo presidente (sin ánimo de que nadie esté de acuerdo conmigo): cambio de imagen corporativa, cambio de nombre, venta de la sede, incorporación definitiva de nuevas caras y, por supuesto, definición del mensaje. Efectivamente; lo que viene siendo una refundación. La oportunidad está servida. De la solvencia y la altura de miras de los candidatos depende que salgan bien parados”. Dos años y medio después sigo pensando lo mismo. Hay que ejecutar el paquete completo de medidas. 

Siempre hay tiempo. El único tiempo que se agota es el de seguir viviendo del “lastre” de Rajoy. Sigo pensando que los nuevos liderazgos asumen responsabilidades y actúan en consecuencia, no se autoengañan, cierran filas y ponen distancia frente a la responsabilidad.

¿Por qué el centro y la derecha más liberal ha comprado el marco mental de la progresía vip de que VOX es fascismo y, por lo tanto, su enemigo? Creo que alguien debería pensar más en psicología social y menos en argumentos de series sobre política ficción. Más en lo que sienten los ciudadanos y menos en articular procesos de férreo control del aparato de los partidos. ¿De verdad pensaban que no iba a haber efecto Illa cuando es un hombre que, a pesar de sus errores, sabe empatizar perfectamente con quien está del otro lado de la pantalla? ¿En serio creían que el apoyo a Ciudadanos no desapareció desde el mismo momento en que Arrimadas desertó de su responsabilidad en Cataluña defraudando a votos propios y extraños? ¿En serio alguien pensó que dar un bandazo de última hora para negar a Rajoy, como San Pedro a Jesucristo, hasta tres veces, iba a dar resultado? ¿Acaso todavía creen en liderazgos sin responsabilidad? 

La cosa no va sólo de credibilidad, sino de expectativas y, sobre todo, de empatía y utilidad para quien ha de depositar su voto en un representante. Si quien lo hace, no te ve útil, nunca recibirás su apoyo. Quien te vote tiene que tener claro que gana algo con ello y que no lo vas a defraudar. Si no, pasas a ser irrelevante (lo peor en política). Y, desde luego, de lo que no suele ir últimamente es de gestión. 

Sería una pena que haya que esperar al destrozo de la Nación y a un cambio de régimen para pensar en posibilidades reales de un gobierno liberal. Para entonces será tarde. Hasta ese momento, siempre hay tiempo.

domingo, 31 de enero de 2021

El poder de las palabras

La canciller alemana, Angela Merkel, durante su intervención a distancia
en el Foro de Davos de este año. 
SALVATORE DI NOLFI EFE

Quienes me conocen bien o han participado en alguno de  mis talleres de oratoria y comunicación eficaz en los últimos años, saben de mi obsesión por la fuerza de las palabras. Son poderosas. En el más amplio sentido del término. 

Desde "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" hasta el "sí se puede" pasando por "ayer tuve un sueño", la historia está plagada de palabras que, por su fuerza, han cambiado el mundo, han desviado trayectorias, han significado faro de voluntades unidas que han ejercido transformación social, aunque, no siempre haya sido necesariamente una transformación positiva para el hombre, para las familias. Baste recordar que conceptos como "dictadura del proletariado" o frases como "tenemos la deuda con estos millones de construir una nueva Alemania" no trajeron, precisamente, en mi opinión, una transformación positiva. 

Pienso, sinceramente, que es desde `posiciones donde el hombre ocupa el centro de "todo" y con el mayor de los respetos para el individuo, es como buena parte de la sociedad entendemos el respeto a la diversidad, a las culturas diferentes y a la legítima defensa de nuestras identidades comunes.

Sin embargo, una vez más, los marcos mentales que van imponiéndose en los ciudadanos libres me hacen temer lo peor.

Insertar palabras y conceptos en el subconsciente colectivo buscando la presión o colectivización de la idea, puede resultar manifiestamente inadecuado. Palabras y conceptos como globalización, sostenibilidad, reiniciar, serás feliz sin nada o crecimiento económico chino (la lista es larguísima), como ideas de éxito y bienestar, en mi opinión, son peligrosas. 

Estos términos aniquilan el yo, el individuo, el colectivo como conjunto de unidades, para dar paso a una colectivización personal y productiva que sólo puede ser limitadora de libertades y derechos individuales. 

Aterrizando en España, nuestra clase política tiene mucho que decir y hacer en esto. Aquellas posiciones políticas que entiendan que esas corrientes no representan su ideario, deberían tener cuidado. La política es acción, la política es estrategia, la política es ideología, la política es proyectos; pero la política también es palabra. Y las palabras son poderosas. 

¿Será Davos un ejemplo?