miércoles, 19 de febrero de 2020

Soberbia y comunicación de crisis


Resultado de imagen de vertedero de zaldibar¿Qué está pasando? No me puedo creer que nadie haya advertido a los responsables políticos implicados que la soberbia es la peor de las compañeras en casos de crisis. No me cabe en la cabeza que, a pesar del sectarismo informativo del oligopolio mediático o el onanismo intelectual que, no pocas veces, provoca el calor del sillón de los poderosos, puedan pensar que el idiotismo está generalizado en el territorio nacional. Si esto es así, la gravedad de la enfermedad va en aumento.


La soberbia viene a ser un “sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos”. Si hay que desterrar algo en momentos de crisis, esto es la soberbia.

Casos como el vertedero de Zaldíbar, los abusos a menores en Mallorca o el propio “Delcygate”, me han hecho repasar los manuales de comunicación de crisis.

No es este un espacio donde deba desgranar de forma detallada todas y cada una de las cuestiones que ayudan, desde la comunicación, a superar una situación de crisis. Pero no me resisto a recordar cuatro conceptos que han de tenerse siempre presentes: La humildad, transparencia, verdad y gestión de las emociones, es decir, lo que en la jerga denominamos la “pepa”, primero las personas, luego los papeles. 

Parece lógico. Incluso de Perogrullo. Sin embargo, juzga tú mismo, parece que, en estas tres crisis institucionales, ninguno de los cuatro conceptos, se han tenido en cuenta. Quizás porque, en un principio, en ninguno de los casos pensaron que había elementos que justificaran los hechos constitutivos de una crisis. Si es así, se les olvidó el primero de los conceptos que debe mantenerse para que las crisis no se produzcan, la prevención.

Mucho peor es pensar que,  a base de mantener mentiras

repetidas y generar marcos mentales virtuales que niegan 

la trascendencia de los hechos, se crea una realidad 

paralela que suplanta la verdad y la gravedad de los 

hechos. 








domingo, 19 de enero de 2020

Vivir sin ética

Comenzó el nuevo gobierno su andadura y, cierto es que, no defrauda. Desde ningún punto de vista. Y por si alguien pensaba que las ideologías habían muerto, que repase los hechos de esta última semana.
ImageMatrimonios en el consejo de ministros. Parejas en la cúpula del ejecutivo y legislativo. Consejo de ministros elefantiásico. Fiscal General del Estado que viene directamente de ser ministra de justicia. Ministerio de igualdad donde se elimina toda presencia masculina, simplemente, como marca de la casa. Encuentros con delincuentes inhabilitados, encarcelados o prófugos de la justicia. Asunción del concepto de ¨conflicto político¨ para blanquear la sedición. Consabida subida de impuestos porque es la garantía de una sociedad justa. Declaraciones como ¨los hijos no pertenecen a los padres.¨ O, por citar lo último, España apareciendo en el buscador de Google como país comunista.
Éste es el panorama.
Quiero compartir contigo tres conceptos:
1. Ética. Conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad.
2. Estética. Relativo a la percepción o apreciación de la belleza.
3. Ley. Precepto dictado por la autoridad competente en que se manda o prohibe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados.
Siempre pensé que los contrapesos de la ética, la estética y la ley conformaban la combinación ideal de una sociedad democrática. (Soy de los ilusos que piensa que la democracia es algo más que votar cada cuatro años). 
¿Dónde han quedado conceptos como nepotismo, autarquía, totalitarismo democrático, separación de poderes, familia, verdad, coherencia o soberanía? Los han sacado del marco. Al parecer, prescindir de la ética facilita la consecución de objetivos. Si sólo nos movemos entre lo obligatorio (la ley) y lo opinable (la estética) desposeeremos a la sociedad en su conjunto de criterios objetivos con los que analizar, valorar y juzgar la acción política. La maquinaria se ha puesto en marcha.
Desgraciadamente esto no es nuevo. Hasta podríamos comparar la situación de hoy con la esplendorosa época de Julio César. Seguro que encontraríamos hasta nuestra propia ¨bona dea¨. 
Humildemente pienso, si ya no hay ética, una parte de mi profesión caerá en desuso o tendremos que reciclarnos en simples propagandistas dispuestos a dirigir la ¨glavlit¨o el ¨ministerio para la ilustración pública.¨

jueves, 2 de enero de 2020

Más que comunicación política


Resultado de imagen de acuerdo psoe ercEl comienzo de 2020 se presenta apasionante por el juego estratégico de todos los intervinientes con vistas a seguir captando electores de cara a próximos comicios y apalancamiento de sus correspondientes “negocios”. Además, parece que tendremos regalo de Reyes especial.
En los primeros años 30 del siglo pasado, Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano y padre espiritual de la izquierda europea, planteó, al margen de sus teorías y principios ideológicos, el uso de herramientas y medios que facilitaran la hegemonía cultural y el sometimiento a través del lenguaje como vía para la consecución del poder político. La conquista cultural previa se hace imprescindible. La realidad está definida por palabras, por lo que, afirma, “quien controla las palabras controla la realidad”.
En 2012, Jonathan David Haidt, psicólogo social estadounidense, desarrolla su teoría de los fundamentos morales para intentar explicar los orígenes y las variaciones del razonamiento moral. Los fundamentos de esta teoría se desarrollan a partir de diferencias culturales para enfocarse posteriormente en la ideología política. Los fundamentos, seis, se componen por una serie de valores y sus opuestos, centrados en aspectos emocionales: Cuidado/daño: aprecio y protección de los demás; Justicia/engaño: justicia representada por un acuerdo con normas compartidas; Lealtad/traición: mantenerse con su grupo, familia o nación; Autoridad/subversión: obedecer a la tradición y a la autoridad legitimada; Santidad/degradación: agrado por cosas o acciones agradables; Libertad/opresión: nos mueve a la rebelión cuando nos sentimos humillados.
Combinen ustedes “Cuadernos de la cárcel” (Gramsci, A. 1929-1933) y “La mente de los justos” (Hait, J. 2012), es decir, control del lenguaje + control de las emociones y podrán entender cómo y porqué damos por sentadas y por buenas muchas de las cosas e ideas que, no hace demasiado tiempo, ni siquiera compartíamos.
Por ejemplo, sólo así se explica que el propio Rey, en su mensaje de Navidad, aludiera como un “todo” a Cataluña presentándola como una de las serias preocupaciones en España, en vez de identificar expresamente a los verdaderos responsables de la “situación”. Por ejemplo, esa puede ser la explicación a que en un acuerdo de investidura se plasme, negro sobre blanco, el concepto "conflicto político" en alusión a las pretensiones independentistas. Normalización conseguida a través de conquista del lenguaje y valores centrados en aspectos emocionales.
¡Feliz 2020!